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Columnista - 21 junio, 2013

Participación Política

Las FARC, con el decálogo de propuestas para entrar o participar en política,nuevamente caminan por el borde de la cornisa.

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Por: Luis Elquis Díaz

Las FARC, con el decálogo de propuestas para entrar o participar en política,nuevamente caminan por el borde de la cornisa.

 El planteamiento de las propuestas a mi modo de ver revisten meditación,porque conjugan una profunda reforma del Estado;  en especial, por el décimo punto que invoca la convocatoria de una Asamblea Constituyente; que además, resignael poder y arbitraje en el constituyente primario, no obstante, a las ambigüedades que suponen su interpretación en una sociedad inmadura democráticamente,revalidando con ello, la tradición del fin de las guerras civiles en Colombia.

Mi modo de ver no excluye la estela de delitos cometidos por las FARC durante seis décadas; espera también un espacio para el perdón, como vía de enlace para el proceso de reconciliación y apalancamiento de postconflicto. No obstante, es un debate intrínseco irresolutoque los colombianos digerimos con dificultad.  Esta amplia hendija es un asunto espinoso que en su integridad debe dirimir la justicia, lógicamente, con participación decisoria del constituyente primario. 

Considero intranscendental la proposición sobre la elección popular del Procurador, Contralor y Defensor del Pueblo, ¿acaso soluciona el problema de carácter que delimita el control y la independencia de esas instituciones o por el contrario contribuye con su politización? 

Nuestro Estado necesita reformas estructurales, en lo político, económico y social, sin presiones sobre el modelo sociopolítico y económico, pues, eso no garantiza la eficiencia administrativa. Que las proponga un grupo guerrillero opositor del Estado, no deja de ser paradójico, incluso, inadmisible. Considerar significativas las propuestas, por objetivas, fácilmente pueden conducir a la estigmatización en una sociedad que se mueve en la superficialidad del proceso de dialogo, en virtud de las posiciones favorables y contradictoriasque rodean el proceso de paz.

Sin embargo, la paz es un derecho ciudadano que nos asiste, no distingue vanidades, ni siquiera las del presidente Juan Manuel Santos,que opto por conseguirla por la vía legitima del dialogo en el marco del estado social de derecho.

Que las FARC hagan política es un fin básico del Proceso de Paz, que accedan al poder implica una lucha equivalente a la guerra, con la diferencia que cambian los argumentos del rugir de los fusiles por la inteligencia de las ideas y las políticas.La sociedad colombiana victima con resentimiento enquistado decidirá su aprobación.  ¿Difícil concebirlo?

 

Columnista
21 junio, 2013

Participación Política

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Luis Elquis Diaz

Las FARC, con el decálogo de propuestas para entrar o participar en política,nuevamente caminan por el borde de la cornisa.


Por: Luis Elquis Díaz

Las FARC, con el decálogo de propuestas para entrar o participar en política,nuevamente caminan por el borde de la cornisa.

 El planteamiento de las propuestas a mi modo de ver revisten meditación,porque conjugan una profunda reforma del Estado;  en especial, por el décimo punto que invoca la convocatoria de una Asamblea Constituyente; que además, resignael poder y arbitraje en el constituyente primario, no obstante, a las ambigüedades que suponen su interpretación en una sociedad inmadura democráticamente,revalidando con ello, la tradición del fin de las guerras civiles en Colombia.

Mi modo de ver no excluye la estela de delitos cometidos por las FARC durante seis décadas; espera también un espacio para el perdón, como vía de enlace para el proceso de reconciliación y apalancamiento de postconflicto. No obstante, es un debate intrínseco irresolutoque los colombianos digerimos con dificultad.  Esta amplia hendija es un asunto espinoso que en su integridad debe dirimir la justicia, lógicamente, con participación decisoria del constituyente primario. 

Considero intranscendental la proposición sobre la elección popular del Procurador, Contralor y Defensor del Pueblo, ¿acaso soluciona el problema de carácter que delimita el control y la independencia de esas instituciones o por el contrario contribuye con su politización? 

Nuestro Estado necesita reformas estructurales, en lo político, económico y social, sin presiones sobre el modelo sociopolítico y económico, pues, eso no garantiza la eficiencia administrativa. Que las proponga un grupo guerrillero opositor del Estado, no deja de ser paradójico, incluso, inadmisible. Considerar significativas las propuestas, por objetivas, fácilmente pueden conducir a la estigmatización en una sociedad que se mueve en la superficialidad del proceso de dialogo, en virtud de las posiciones favorables y contradictoriasque rodean el proceso de paz.

Sin embargo, la paz es un derecho ciudadano que nos asiste, no distingue vanidades, ni siquiera las del presidente Juan Manuel Santos,que opto por conseguirla por la vía legitima del dialogo en el marco del estado social de derecho.

Que las FARC hagan política es un fin básico del Proceso de Paz, que accedan al poder implica una lucha equivalente a la guerra, con la diferencia que cambian los argumentos del rugir de los fusiles por la inteligencia de las ideas y las políticas.La sociedad colombiana victima con resentimiento enquistado decidirá su aprobación.  ¿Difícil concebirlo?