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Editorial - 16 febrero, 2010

Otra tragedia en la vía

Vuelve y juega. Nuevamente la muerte entristece a varios hogares de la Guajira y el Cesar, luego del accidente ocurrido ayer entre un carro de servicio público y otro particular, este último cargado de gasolina de contrabando, según las primeras investigaciones realizadas por las autoridades. Las imágenes no podían ser más aterradoras: cuerpos calcinados e […]

Vuelve y juega. Nuevamente la muerte entristece a varios hogares de la Guajira y el Cesar, luego del accidente ocurrido ayer entre un carro de servicio público y otro particular, este último cargado de gasolina de contrabando, según las primeras investigaciones realizadas por las autoridades.
Las imágenes no podían ser más aterradoras: cuerpos calcinados e irreconocibles, vehículos en llamas y luego un trancón tremendo, con el gran miedo que tragedia fuera mayor por el paso de otros vehículos, algunos de ellos también cargados del peligroso combustible.
No es lo primera vez que sucede un accidente de esta magnitud, en otras oportunidades también se han presentado otros, con consecuencias igualmente fatales.  Es el altísimo costo de una actividad ilegal y peligrosísima, pero cuya relación costo-beneficio  justifica, en opinión de quienes viven de la misma, ese riesgo tan alto.
De nuevo, hay que volver a insistirle a las autoridades de Policía, principalmente a la de Carreteras, en la necesidad de intensificar los  controles sobre el tráfico ilegal del preciado combustible, que transportado de manera tan insegura representan unas verdaderas bombas ambulantes, en casi todas las carreteras del Cesar y la Guajira.
Estos controles, muchas veces molestosos y rechazados por la comunidad, son indispensables para reducir el riesgo que este tipo de accidentes.
No obstante, el llamado principal es para los comerciantes y transportadores de este combustible; quienes no sólo arriesgan su vida, en búsqueda de unos pesos que son el ingreso diario vital para muchos de ellos, sino que también arriesgan las de cientos de pasajeros de vehículos de transporte público y particular quienes transitan por la vía sin imaginarse el grandísimo riesgo que asumen ante el transporte ilegal de combustible.
Lo más preocupante es que el riesgo no sólo está en las vías, sino también en las calles de muchos barrios de Valledupar, La Paz y muchas poblaciones del Cesar y la Guajira, en donde en casas de familia se almacena de manera artesanal el peligroso combustible, atractivo para los usuarios de todo tipo de vehículos debido al diferencial de precios entre la gasolina nacional y la traída desde Venezuela.
Y en los barrios, hay que decirlo, también han faltado más controles por parte de la Policía Nacional y también de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian); ojalá estemos equivocados, pero el día menos pensado vamos a sufrir una tragedia mucho mayor en alguno de los barrios residenciales de las poblaciones antes mencionadas.

Cuidemos a Hurtado

El balneario de Hurtado es uno de los sitios emblemáticos de Valledupar. Propios y extraños identifican el legendario puente como elemento integral de la identidad de la Ciudad.
De allí la importancia de la gestión que viene adelantando la Corporación Autónoma Regional del Cesar (Corpocesar) en defensa del medio ambiente, específicamente en la zona de Hurtado y los alrededores del río Guatapurí, para evitar el mal uso del mismo, con la disposición de basuras en cualquier lugar y el alto riesgo de incendios forestales, por el eventual descuido de los bañistas que acostumbran a hacer allí un sancocho o un asado.
Por eso registramos con complacencia no sólo la encomiable labor de Corpocesar, bajo la eficaz dirección del doctor Virgilio Calderón Peña y su equipo, sino también la actitud de los vendedores, bañistas y visitantes a esta importante zona de la ciudad, quienes han acogido de buena gana las recomendaciones y los controles ejercidos por la Corporación autónoma.
A Hurtado y al río Guatapurí, como también a los otros hermosos ríos, que tenemos en estas tierras, hay que quererlos de verdad- verdad, cuidarlos y preservarlos para el disfrute de nuestros hijos y nietos, y para los hijos de nuestros nietos. Y este es un amor que se debe aprender, enseñar y practicar, para que estos hermosos paisajes sean una realidad para las futuras generaciones y no una simple referencia fotográfica y de video, como podría ser sino hacemos nada, en la realidad, para cuidar el balneario y el río insignia de la señorial ciudad de los Santos Reyes.

Editorial
16 febrero, 2010

Otra tragedia en la vía

Vuelve y juega. Nuevamente la muerte entristece a varios hogares de la Guajira y el Cesar, luego del accidente ocurrido ayer entre un carro de servicio público y otro particular, este último cargado de gasolina de contrabando, según las primeras investigaciones realizadas por las autoridades. Las imágenes no podían ser más aterradoras: cuerpos calcinados e […]


Vuelve y juega. Nuevamente la muerte entristece a varios hogares de la Guajira y el Cesar, luego del accidente ocurrido ayer entre un carro de servicio público y otro particular, este último cargado de gasolina de contrabando, según las primeras investigaciones realizadas por las autoridades.
Las imágenes no podían ser más aterradoras: cuerpos calcinados e irreconocibles, vehículos en llamas y luego un trancón tremendo, con el gran miedo que tragedia fuera mayor por el paso de otros vehículos, algunos de ellos también cargados del peligroso combustible.
No es lo primera vez que sucede un accidente de esta magnitud, en otras oportunidades también se han presentado otros, con consecuencias igualmente fatales.  Es el altísimo costo de una actividad ilegal y peligrosísima, pero cuya relación costo-beneficio  justifica, en opinión de quienes viven de la misma, ese riesgo tan alto.
De nuevo, hay que volver a insistirle a las autoridades de Policía, principalmente a la de Carreteras, en la necesidad de intensificar los  controles sobre el tráfico ilegal del preciado combustible, que transportado de manera tan insegura representan unas verdaderas bombas ambulantes, en casi todas las carreteras del Cesar y la Guajira.
Estos controles, muchas veces molestosos y rechazados por la comunidad, son indispensables para reducir el riesgo que este tipo de accidentes.
No obstante, el llamado principal es para los comerciantes y transportadores de este combustible; quienes no sólo arriesgan su vida, en búsqueda de unos pesos que son el ingreso diario vital para muchos de ellos, sino que también arriesgan las de cientos de pasajeros de vehículos de transporte público y particular quienes transitan por la vía sin imaginarse el grandísimo riesgo que asumen ante el transporte ilegal de combustible.
Lo más preocupante es que el riesgo no sólo está en las vías, sino también en las calles de muchos barrios de Valledupar, La Paz y muchas poblaciones del Cesar y la Guajira, en donde en casas de familia se almacena de manera artesanal el peligroso combustible, atractivo para los usuarios de todo tipo de vehículos debido al diferencial de precios entre la gasolina nacional y la traída desde Venezuela.
Y en los barrios, hay que decirlo, también han faltado más controles por parte de la Policía Nacional y también de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian); ojalá estemos equivocados, pero el día menos pensado vamos a sufrir una tragedia mucho mayor en alguno de los barrios residenciales de las poblaciones antes mencionadas.

Cuidemos a Hurtado

El balneario de Hurtado es uno de los sitios emblemáticos de Valledupar. Propios y extraños identifican el legendario puente como elemento integral de la identidad de la Ciudad.
De allí la importancia de la gestión que viene adelantando la Corporación Autónoma Regional del Cesar (Corpocesar) en defensa del medio ambiente, específicamente en la zona de Hurtado y los alrededores del río Guatapurí, para evitar el mal uso del mismo, con la disposición de basuras en cualquier lugar y el alto riesgo de incendios forestales, por el eventual descuido de los bañistas que acostumbran a hacer allí un sancocho o un asado.
Por eso registramos con complacencia no sólo la encomiable labor de Corpocesar, bajo la eficaz dirección del doctor Virgilio Calderón Peña y su equipo, sino también la actitud de los vendedores, bañistas y visitantes a esta importante zona de la ciudad, quienes han acogido de buena gana las recomendaciones y los controles ejercidos por la Corporación autónoma.
A Hurtado y al río Guatapurí, como también a los otros hermosos ríos, que tenemos en estas tierras, hay que quererlos de verdad- verdad, cuidarlos y preservarlos para el disfrute de nuestros hijos y nietos, y para los hijos de nuestros nietos. Y este es un amor que se debe aprender, enseñar y practicar, para que estos hermosos paisajes sean una realidad para las futuras generaciones y no una simple referencia fotográfica y de video, como podría ser sino hacemos nada, en la realidad, para cuidar el balneario y el río insignia de la señorial ciudad de los Santos Reyes.