Todo puede pasar el domingo 31 de mayo porque esta elección ya no está escrita en piedra sino en agua. Es voto líquido: cambia de forma, fluye, se devuelve, se evapora y vuelve a caer en otro lado. Transita de una decisión a otra a la velocidad de un clip, de un reel, de una frase mal dicha, de una humillación pública, de una encuesta o de una emoción colectiva.
Esta no es una elección quieta. Es una elección ansiosa.
La política entró en la era del dedo: desliza, mira, se indigna, comparte y cambia. Antes una campaña necesitaba semanas para instalar una idea; hoy un video de veinte segundos puede mover una percepción. La gente ya no procesa la política solamente como programa, sino como estímulo: rabia, miedo, esperanza, castigo, rechazo, identidad.






