Por décadas hemos escuchado que las instituciones son tan fuertes como su capacidad para permanecer vigentes en el tiempo. Sin embargo, la verdadera medida de su relevancia no está en los años que cumplen, sino en la huella que dejan en el territorio que ayudan a construir.
Cuando Comfacesar nació en 1967, el Cesar apenas comenzaba a escribir su propia historia como departamento. Valledupar era una ciudad cercana a los 70.000 habitantes, con una economía fundamentada en la agricultura, la ganadería y un comercio aún incipiente. El aeropuerto tenía apenas unos años de funcionamiento, las vías de conexión regional estaban en proceso de consolidación y el acceso a servicios públicos, educación y bienestar era limitado para buena parte de la población.
Era un territorio lleno de potencial, pero también de enormes desafíos.






