Llama poderosamente la atención las cifras que acaba de entregar la Pastoral Social de la Diócesis de Valledupar, entidad que asegura que: “En Valledupar, uno de cada dos vallenatos pasa hambre”, es decir, la mitad de los habitantes de la ciudad no come bien.
La afirmación la hizo el subdirector de Pastoral Social y del Banco de Alimentos Diocesano, Alfonso Calderón, con base en cifras del DANE, lo cual de entrada pareciera ser un dato exagerado y que no corresponde a la realidad que se observa en los distintos sectores poblacionales del municipio de Valledupar. Pero también llama la atención que el hecho pase desapercibido y se asuma como algo normal que media ciudad esté pasando hambre. ¿Se ha perdido la capacidad de asombro? ¿estamos tan mal en Valledupar y nos hemos acostumbramos a esa crítica realidad?
A propósito, el tema en mención nos recuerda una vieja anécdota con cierto candidato a la Alcaldía de este municipio que, como eslogan de campaña, acuñó la frase “Valledupar sin hambre” y cuando llegó a presidir una multitudinaria manifestación política en el populoso barrio La Nevada, al momento de exponer su “propuesta bandera”, un líder comunitario le ripostó enseguida: “Vea candidato, aquí nadie está pasando hambre, para eso trabajamos, nosotros lo que necesitamos es que nos arreglen los problemas del barrio que son muchos”, lo cual fue aplaudido de manera masiva.
Sea cual fuese la hipótesis verdadera, el tema amerita un análisis riguroso y reacciones humanitarias de los distintos estamentos sociales e institucionales. Lo que genera mayor tristeza, según revela el informe, es el hecho de que los niños son los que más padecen la falta de comida, eso es grave porque redunda en una cadena de factores negativos para una sociedad en desarrollo.
En medio de esa desconcertante realidad, alienta un poco saber que ya hay algunas acciones en marcha para contrarrestar el terrible flagelo del hambre, tal es la campaña “Moda que transforma” adelantada por el Banco de Alimentos de la Pastoral Social para apoyar a comedores infantiles.
Pero ese tipo de programas y estrategias no funcionan por si solas, estas necesitan del acompañamiento y participación de toda la institucionalidad y sectores privados, todos debemos involucrarnos en ese noble proceso que requiere de toda una logística y financiación. Importante lo que señala el subdirector de la Pastoral Social en el sentido de que se puede ayudar de cualquier manera, quien no tenga recursos económicos podrá vincularse con acciones y gestiones propias del rol que cada persona desempeñe en su área laboral, bien sea operativa, pedagógica o profesional. “El único requisito es tener espíritu de servicio. Lo demás lo vamos trabajando juntos”, manifiesta de manera acertada Calderón.
Nuestro llamado es a que apoyemos de manera unánime al Banco de Alimentos de la Pastoral Social y de esa manera contribuir con la ampliación de la red de ayuda existente en estos momentos en Valledupar, la cual está constituida por tres comedores, uno está ubicado en el barrio Mayales, junto a la fundación Fundamor; otro en la Casa de la Misericordia, frente al Parque del Páramo; y un tercero en el sector Los Guasimales, al tiempo que se trabaja para la creación de un cuarto comedor en el corregimiento de Las Casitas.
Lo importante es que ya hay avances como la ‘Alimentatón’ que movilizó durante un fin de semana a cerca de 400 voluntarios en la recolección de donaciones, pero eso no debe detenerse y necesita que se haga de manera permanente. La constancia y la perseverancia serán claves para unos mayores resultados.
Que las cifras de la población con hambre en Valledupar mejoren o empeoren dependerá, en buena medida, de cuántos dejen de mirar desde la distancia y decidan ponerse del lado de quienes hoy todavía no saben qué van a comer mañana.
PD: Otra cosa, que abordaremos después, es la de la dieta adecuada según la edad y la combinación con hábitos saludables. Porque no es suficiente con tener la barriga llena.
