El fascismo es una concepción metafísica de la realidad; sus características básicas consisten en no tolerar las diferencias, la fuerza es su dialéctica; desinforma, miente, amenaza y la institucionalidad no es su guía. El fascista utiliza símbolos que convierte en fetiches de sus procesos; es supremacista, desconoce las etnias, las negritudes y grupos diferenciales de la población; convierte en apátrida al que no comparta sus ideales y disfruta del dolor ajeno; se esconde en el patriotismo.
El concepto de patria, que es otro símbolo, es falangista, chovinista y excluyente, niega la historia y la esconde; para el fascista el concepto de Nación es muy amplio, el mundo es solo para los individuos. El fascismo engaña a las democracias, así como los felinos distraen a su víctima con su rabo.
Surgió en Italia bajo la rúbrica de Mussolini cuyo símbolo era la camisa negra, la etiqueta para matar comunistas, esa misma que utilizaban nuestros paramilitares cuando hacían sus masacres, pero que también lucen los cuerpos de seguridad del Estado en ciertas operaciones de sangre. Para los nazis el símbolo fue la esvástica, una especie de aspa trituradora, la que los inspiraba para quemar judíos y minorías en nombre de la superioridad racial.






