El lunes anterior, yo y mis consejeros periodísticos Tíochiro y Tíonan quedamos -nuevamente- petrificados, cuando leímos el titular del periódico El Espectador: “¿Otro Dabeiba? Los falsos positivos que yacen en un cementerio de Valledupar. Los casos involucran al Batallón La Popa”. Así de escueto y espantoso.
Es un titular que involucra infamia, rabia, dolor, tristeza e infelicidad, una adversidad llena de horror y putrefacción humana. Ese titular tan exacto, para describir de una, que aquí en Valledupar también cesó la irracionalidad de los falsos positivos en el cementerio de mayor “abolengo” de la región. Dice el periódico: “Al igual que en el cementerio de Las Mercedes en Daeiba (en donde exhumaron más de medio centenar de cuerpos humanos), el camposanto Jardines del Ecce Homo en Valledupar tiene una fosa común con al menos 500 cuerpos, algunos de ellos víctimas de falsos positivos”.
El periódico se mete en los tuétanos de la verdad y encuentra que hay más horror que en la película “Annabelle Comes Home”. Ese común denominador de falsos positivos en Colombia lo vivieron centenares de familias en el Cesar, en cada pueblo, como en Altabique, pueblo de mi novela: Los Hijos en el Monte.





