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Columnista - 20 abril, 2010

Mockus, la fuerza de la razón

BITÁCORA Por: Oscar Ariza La propuesta de la legalidad democrática de Antanas Mockus, por la fuerza de sus argumentos, alcanza resultados insospechados en la población colombiana que reconoce la valía de los aportes de la política de seguridad democrática de Uribe Vélez, -dada en herencia a Santos para tejer  un manto de distracción sobre la […]

BITÁCORA

Por: Oscar Ariza

La propuesta de la legalidad democrática de Antanas Mockus, por la fuerza de sus argumentos, alcanza resultados insospechados en la población colombiana que reconoce la valía de los aportes de la política de seguridad democrática de Uribe Vélez, -dada en herencia a Santos para tejer  un manto de distracción sobre la otra realidad del país-, pero  también reconoce que sostener la guerra no puede convertirse  en la obsesión de un hombre,  sino en una política de Estado que garantice el paso a la modernidad del país, indistintamente de quien esté en la presidencia.
Quitarle protagonismo a los gobernantes que utilizan el poder para satisfacer sus egos y devolvérselo a la institucionalidad, es un argumento necesario para transparentar las acciones de gobierno, para que haya justicia sin fundamentalismos, arrebatándosela a grupos ilegales e individualidades que nunca debieron administrarla, sino el propio Estado en manos de jueces y magistrados tal como está contemplado en nuestra Constitución.  Hoy esa defensa de la legitimidad de la justicia es la que se  reconoce en Mockus,  así como  su intención de poner  la institucionalidad por encima de intereses personales.
Insisto en que los altos niveles de popularidad de Antanas Mockus hace algunas semanas eran insospechados, pues muchos creían que los trofeos de guerra, los consejos comunales y el carácter contestatario del Presidente le habían otorgado algún tipo de valor agregado que lo consagraba como la única fórmula salvadora de la patria, como si en ocho años Colombia se hubiese estancado, sin formar en toda la geografía nacional a hombres y mujeres capaces de llevar  las riendas de un país que tantos fracasos ha experimentado por efecto de la polarización del poder.
Afortunadamente la Corte, como salvaguarda de la Constitución ratificó que la institucionalidad está por encima de los hombres e impidió una segunda reelección que pudo haber sido lamentable para el desarrollo democrático del país.
Aún así la estrategia política de asegurar la continuidad del poder en manos de Uribito se esfumó por voluntad de mayorías conservadoras  y la posibilidad de Santos, aunque con mucha fuerza, comienza a ceder ante propuestas emergentes, sanas, frescas y transparentes como las del Partido Verde. No obstante la prohibición de participación de funcionarios públicos en política, Uribe de vez en cuando tira la piedra y esconde la mano cuando se trata de atacar a Mockus.
Hoy Mockus representa la salida civilizada a más de cinco décadas de conflicto, sin renunciar al uso del poder y la fuerza, pero en manos del Estado y no de grupos ilegítimos, legitimados por la premisa de la necesidad de cambio como nunca debió haber ocurrido. Hoy Mockus, junto con un colectivo de pensadores, académicos y pragmáticos con resultados claros y contundentes como Sergio Fajardo, Lucho Garzón, Enrique Peñaloza y otros importantes personajes de las regiones  como Félix Valera,  representan la necesidad del cambio, la otra franja de Colombia que apuesta a la transformación de la manera de administrar el país.
Cada día Mockus toma fuerza en lugares distintos a los grandes centros urbanos, lo que asusta a sus contradictores, quienes enfilan la maquinaria contra él, lo que ha disparado su popularidad, hasta el punto de que hoy los expertos en política hablan de un eventual triunfo en primera vuelta si la tendencia de crecimiento se mantiene.
El Caribe, región en donde se creía que Mockus generaría poco impacto, ha sobrepasado los cálculos, pues en cada uno de los departamentos, especialmente en el Cesar, los jóvenes universitarios, los académicos, los políticos decentes e incluso la gente del común se han vinculado a la campaña a través de redes sociales y grupos que crecen a diario.
Aquí  la Mockusmanía crece, la ola verde  se agiganta y ello obedece a que la gente se cansó de las mismas estructuras politiqueras, viendo en Mockus la posibilidad de que la política se oxigene, se transparente y se responsabilice con el verdadero progreso de la Nación, que necesita de estructuras de consenso a través de la educación,  la honestidad y la mano dura frente a la inseguridad, como la que mostró siendo alcalde en aquellas épocas en las que los enemigos del progreso en Bogotá quisieron protestar parando el sistema de transporte, pero él desde su postura fuerte, pero civilizada mostró su intención de no negociar la legalidad frente a presiones irregulares.
[email protected]

Columnista
20 abril, 2010

Mockus, la fuerza de la razón

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Oscar Ariza Daza

BITÁCORA Por: Oscar Ariza La propuesta de la legalidad democrática de Antanas Mockus, por la fuerza de sus argumentos, alcanza resultados insospechados en la población colombiana que reconoce la valía de los aportes de la política de seguridad democrática de Uribe Vélez, -dada en herencia a Santos para tejer  un manto de distracción sobre la […]


BITÁCORA

Por: Oscar Ariza

La propuesta de la legalidad democrática de Antanas Mockus, por la fuerza de sus argumentos, alcanza resultados insospechados en la población colombiana que reconoce la valía de los aportes de la política de seguridad democrática de Uribe Vélez, -dada en herencia a Santos para tejer  un manto de distracción sobre la otra realidad del país-, pero  también reconoce que sostener la guerra no puede convertirse  en la obsesión de un hombre,  sino en una política de Estado que garantice el paso a la modernidad del país, indistintamente de quien esté en la presidencia.
Quitarle protagonismo a los gobernantes que utilizan el poder para satisfacer sus egos y devolvérselo a la institucionalidad, es un argumento necesario para transparentar las acciones de gobierno, para que haya justicia sin fundamentalismos, arrebatándosela a grupos ilegales e individualidades que nunca debieron administrarla, sino el propio Estado en manos de jueces y magistrados tal como está contemplado en nuestra Constitución.  Hoy esa defensa de la legitimidad de la justicia es la que se  reconoce en Mockus,  así como  su intención de poner  la institucionalidad por encima de intereses personales.
Insisto en que los altos niveles de popularidad de Antanas Mockus hace algunas semanas eran insospechados, pues muchos creían que los trofeos de guerra, los consejos comunales y el carácter contestatario del Presidente le habían otorgado algún tipo de valor agregado que lo consagraba como la única fórmula salvadora de la patria, como si en ocho años Colombia se hubiese estancado, sin formar en toda la geografía nacional a hombres y mujeres capaces de llevar  las riendas de un país que tantos fracasos ha experimentado por efecto de la polarización del poder.
Afortunadamente la Corte, como salvaguarda de la Constitución ratificó que la institucionalidad está por encima de los hombres e impidió una segunda reelección que pudo haber sido lamentable para el desarrollo democrático del país.
Aún así la estrategia política de asegurar la continuidad del poder en manos de Uribito se esfumó por voluntad de mayorías conservadoras  y la posibilidad de Santos, aunque con mucha fuerza, comienza a ceder ante propuestas emergentes, sanas, frescas y transparentes como las del Partido Verde. No obstante la prohibición de participación de funcionarios públicos en política, Uribe de vez en cuando tira la piedra y esconde la mano cuando se trata de atacar a Mockus.
Hoy Mockus representa la salida civilizada a más de cinco décadas de conflicto, sin renunciar al uso del poder y la fuerza, pero en manos del Estado y no de grupos ilegítimos, legitimados por la premisa de la necesidad de cambio como nunca debió haber ocurrido. Hoy Mockus, junto con un colectivo de pensadores, académicos y pragmáticos con resultados claros y contundentes como Sergio Fajardo, Lucho Garzón, Enrique Peñaloza y otros importantes personajes de las regiones  como Félix Valera,  representan la necesidad del cambio, la otra franja de Colombia que apuesta a la transformación de la manera de administrar el país.
Cada día Mockus toma fuerza en lugares distintos a los grandes centros urbanos, lo que asusta a sus contradictores, quienes enfilan la maquinaria contra él, lo que ha disparado su popularidad, hasta el punto de que hoy los expertos en política hablan de un eventual triunfo en primera vuelta si la tendencia de crecimiento se mantiene.
El Caribe, región en donde se creía que Mockus generaría poco impacto, ha sobrepasado los cálculos, pues en cada uno de los departamentos, especialmente en el Cesar, los jóvenes universitarios, los académicos, los políticos decentes e incluso la gente del común se han vinculado a la campaña a través de redes sociales y grupos que crecen a diario.
Aquí  la Mockusmanía crece, la ola verde  se agiganta y ello obedece a que la gente se cansó de las mismas estructuras politiqueras, viendo en Mockus la posibilidad de que la política se oxigene, se transparente y se responsabilice con el verdadero progreso de la Nación, que necesita de estructuras de consenso a través de la educación,  la honestidad y la mano dura frente a la inseguridad, como la que mostró siendo alcalde en aquellas épocas en las que los enemigos del progreso en Bogotá quisieron protestar parando el sistema de transporte, pero él desde su postura fuerte, pero civilizada mostró su intención de no negociar la legalidad frente a presiones irregulares.
[email protected]