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Columnista - 8 abril, 2010

Mockus-Fajardo ¿Alianza para el futuro?

Algo sobre Por: José Romero Churio La incógnita en el título de la columna no es manifestación de pesimismo con relación al resultado electoral que podría obtener la fórmula política Mockus-Fajardo, sino que la situación actual del país no da para mucho optimismo de triunfalismo. Analizando la situación real del país, encontramos que la gran […]

Algo sobre

Por: José Romero Churio

La incógnita en el título de la columna no es manifestación de pesimismo con relación al resultado electoral que podría obtener la fórmula política Mockus-Fajardo, sino que la situación actual del país no da para mucho optimismo de triunfalismo.
Analizando la situación real del país, encontramos que la gran mayoría de la población rechaza a la guerrilla, en consecuencia, el próximo 30 de mayo, nutrida parte de la ciudadanía preferirá votar por el candidato presidencial que más personifique al presidente Uribe;  quien, en dos periodos consecutivos de gobierno, ha frenado y diezmado en considerable dimensión a las huestes guerrilleras, que durante 50 años han ocasionado muertes y otras calamidades a lo largo y ancho del país.

No cabe duda que entre los colombianos, la guerrilla es considerada la peor de todas las calamidades, por encima del narcotráfico y la corrupción que, en verdad, mucha gente no los reconocen como dañinos sino que los tienen como solución de sus aprietos, por tal, la enorme complicidad con estos delitos, a pesar de que menoscaban los valores sociales y buenos principios de la  humanidad.
Aunque en todas las encuestas preelectorales aparezca Juan Manuel Santos con la mayor opción de remplazar al presidente Uribe. Este candidato aspirante a la presidencia de la República, que tanto pregona  el fiel  seguimiento de la política de seguridad democrática implementada por su más reciente jefe, no despierta suficiente simpatía, especialmente en la franja  de  gente respetuosa de la honestidad y defensora de los derechos humanos, que censura los falsos positivos y ve con malos ojos su conocido oportunismo que le ha valido para ocupar altos cargos en diferentes gobiernos.
Ahora surge la alianza Mockus-Fajardo, posiblemente como candidatos a Presidente y a Vicepresidente; sin duda, esta unión genera grandioso entusiasmo  en la ciudadanía devota por  la transparencia en el manejo del erario, para que se utilice en bien de todos, sobre todo en la población con mayores necesidades y más vulnerables.
Personalmente me siento complacido con esta fusión que puede llegar a la segunda vuelta de la elección presidencial, con probabilidad de salir elegida, porque si bien, la mayoría de los partidarios de Noemí Sanín votarían después por Santos, muchos de los que voten por Pardo y por Petro seguramente apoyarán a Mockus y a Fajardo.
Todos los que creemos en la política limpia tenemos que votar por la fórmula Mockus-Fajardo, para reforzar lo anterior, transcribo parte de la columna del sacerdote Alfonso Llano Escobar, publicada en El Tiempo del pasado domingo…”Si me preguntan cuál de los males que aquejan hoy a Colombia –por citar algunos: narcotráfico, guerrilla, paramilitarismo, impunidad y corrupción   administrativa-, respondería, sin vacilar, que esta última…”, que para nadie es secreto su prevalencia en la administración del país.
Prosigue el padre Llanos: “Si tuviéramos más congresistas, jueces y gobernantes honestos contaríamos con la mejor arma para combatir la guerrilla, el narcotráfico y la impunidad, fuera de que tendríamos dinero suficiente para mejorar la salud y la educación y aun para hacer obras, muchas obras… Pero los billones que hoy tributa parte del pueblo no alcanza ni para saciar la voracidad de unos ávidos funcionarios del Estado…”.

¡INSOLITO!: el tribunal de justicia de Manizales le impuso al mercenario judío, Yair  Klein, instructor de torturas y asesinatos  atroces a narcotraficantes y paramilitares colombianos, una pena de diez años que con los descuentos de ley a lo sumo queda en tres años. Y así, todavía nuestras autoridades reclaman a un tribunal europeo el rechazo de extradición a Colombia a pagar la condena.
[email protected]

Columnista
8 abril, 2010

Mockus-Fajardo ¿Alianza para el futuro?

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
José Romero Churio

Algo sobre Por: José Romero Churio La incógnita en el título de la columna no es manifestación de pesimismo con relación al resultado electoral que podría obtener la fórmula política Mockus-Fajardo, sino que la situación actual del país no da para mucho optimismo de triunfalismo. Analizando la situación real del país, encontramos que la gran […]


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Por: José Romero Churio

La incógnita en el título de la columna no es manifestación de pesimismo con relación al resultado electoral que podría obtener la fórmula política Mockus-Fajardo, sino que la situación actual del país no da para mucho optimismo de triunfalismo.
Analizando la situación real del país, encontramos que la gran mayoría de la población rechaza a la guerrilla, en consecuencia, el próximo 30 de mayo, nutrida parte de la ciudadanía preferirá votar por el candidato presidencial que más personifique al presidente Uribe;  quien, en dos periodos consecutivos de gobierno, ha frenado y diezmado en considerable dimensión a las huestes guerrilleras, que durante 50 años han ocasionado muertes y otras calamidades a lo largo y ancho del país.

No cabe duda que entre los colombianos, la guerrilla es considerada la peor de todas las calamidades, por encima del narcotráfico y la corrupción que, en verdad, mucha gente no los reconocen como dañinos sino que los tienen como solución de sus aprietos, por tal, la enorme complicidad con estos delitos, a pesar de que menoscaban los valores sociales y buenos principios de la  humanidad.
Aunque en todas las encuestas preelectorales aparezca Juan Manuel Santos con la mayor opción de remplazar al presidente Uribe. Este candidato aspirante a la presidencia de la República, que tanto pregona  el fiel  seguimiento de la política de seguridad democrática implementada por su más reciente jefe, no despierta suficiente simpatía, especialmente en la franja  de  gente respetuosa de la honestidad y defensora de los derechos humanos, que censura los falsos positivos y ve con malos ojos su conocido oportunismo que le ha valido para ocupar altos cargos en diferentes gobiernos.
Ahora surge la alianza Mockus-Fajardo, posiblemente como candidatos a Presidente y a Vicepresidente; sin duda, esta unión genera grandioso entusiasmo  en la ciudadanía devota por  la transparencia en el manejo del erario, para que se utilice en bien de todos, sobre todo en la población con mayores necesidades y más vulnerables.
Personalmente me siento complacido con esta fusión que puede llegar a la segunda vuelta de la elección presidencial, con probabilidad de salir elegida, porque si bien, la mayoría de los partidarios de Noemí Sanín votarían después por Santos, muchos de los que voten por Pardo y por Petro seguramente apoyarán a Mockus y a Fajardo.
Todos los que creemos en la política limpia tenemos que votar por la fórmula Mockus-Fajardo, para reforzar lo anterior, transcribo parte de la columna del sacerdote Alfonso Llano Escobar, publicada en El Tiempo del pasado domingo…”Si me preguntan cuál de los males que aquejan hoy a Colombia –por citar algunos: narcotráfico, guerrilla, paramilitarismo, impunidad y corrupción   administrativa-, respondería, sin vacilar, que esta última…”, que para nadie es secreto su prevalencia en la administración del país.
Prosigue el padre Llanos: “Si tuviéramos más congresistas, jueces y gobernantes honestos contaríamos con la mejor arma para combatir la guerrilla, el narcotráfico y la impunidad, fuera de que tendríamos dinero suficiente para mejorar la salud y la educación y aun para hacer obras, muchas obras… Pero los billones que hoy tributa parte del pueblo no alcanza ni para saciar la voracidad de unos ávidos funcionarios del Estado…”.

¡INSOLITO!: el tribunal de justicia de Manizales le impuso al mercenario judío, Yair  Klein, instructor de torturas y asesinatos  atroces a narcotraficantes y paramilitares colombianos, una pena de diez años que con los descuentos de ley a lo sumo queda en tres años. Y así, todavía nuestras autoridades reclaman a un tribunal europeo el rechazo de extradición a Colombia a pagar la condena.
[email protected]