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Columnista - 1 abril, 2025

Más fuertes, más libres, más nosotras

El desarrollo de cualquier sociedad ha estado marcado por la presencia, influencia y el liderazgo de mujeres. No hay un solo ámbito de la vida que no haya sido tocado por su fuerza, su inteligencia y su resiliencia. Su impacto está en la historia, en la sociedad, en la familia y en cada espacio donde hemos decidido estar.

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El desarrollo de cualquier sociedad ha estado marcado por la presencia, influencia y el liderazgo de mujeres. No hay un solo ámbito de la vida que no haya sido tocado por su fuerza, su inteligencia y su resiliencia. Su impacto está en la historia, en la sociedad, en la familia y en cada espacio donde hemos decidido estar.

Las mujeres hemos sido heroínas en la reconstrucción de ciudades y países. Desde las que han liderado grandes movimientos hasta aquellas que, en su cotidianidad, transforman realidades sin esperar reconocimiento. Nuestro lugar en la política, en la ciencia, en la educación, en el arte, en la economía, seguirá siendo muy fuerte, desde diferentes lugares y épocas.

Eleanor Roosevelt fue una de las redactoras de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Malala Yousafzai luchó por la educación de las niñas frente a la violencia. Marie Curie, madre de la ciencia y la primera mujer en ganar un Premio Nobel. En Colombia, María Cano lideró la lucha por los derechos civiles, emergiendo como defensora del compromiso político y social de las mujeres. Gracias a ellas, y muchas más, somos libres de elegir nuestro propio destino hoy.

Y, por supuesto, las mujeres siguen luchando y contribuyendo hasta el día de hoy. Figuras como Petrona Martínez, que mantiene las tradiciones de nuestro país en su música; Teresita Gómez, una de las pianistas más destacadas de Colombia; la líder tecnológica Linda Patiño y una de las autoras colombianas más leídas en todo el mundo, Ángela Becerra.

Hoy, más que nunca, las mujeres seguiremos trabajando por tener la posibilidad de elegir nuestros caminos. No por imposición, sino por decisión. Podemos ser líderes, fundadoras de ‘startups’, investigadoras, activistas, artistas o lo que sea que soñemos ser. Una mujer hoy no es lo que otros esperan de ella; es lo que su voz quiere que sea a través de nuestras propias elecciones y aspiraciones.

Podemos ser hijas, madres, tías, hermanas, abuelas, pero también podemos ser científicas, deportistas y empresarias. La vocación, la convicción y el amor por lo que hacemos no se limitan a un solo espacio y rol. Nuestros sueños son nuestra fuerza, y también la inspiración para otras.

En mi experiencia, he tenido la fortuna de estar rodeada de mujeres extraordinarias. Mi abuela Sara, con su legado de casi 108 años, siempre será mi fuente de inspiración con su sabiduría e historias. Mi madre, mis tías, mis amigas, mis primas y todas las mujeres que he conocido a lo largo de mi vida. A ellas, mi eterna gratitud.

Pero este reconocimiento no tiene sentido si no lo acompañamos de acciones. Aún hoy, muchas mujeres viven en situaciones de indefensión y vulnerabilidad. No podemos romantizar la fortaleza cuando muchas mujeres se ven obligadas a ser fuertes para sobrevivir en un entorno que no las protege. Lo importante no es solo ser fuertes, sino vivir en una sociedad que no nos obligue a serlo todo el tiempo. Una sociedad que nos proteja, nos valore y nos garantice seguridad. Ahí es donde entra la importancia de fortalecer la prevención de la violencia, para que no siempre recaiga en nosotras la responsabilidad de resistir.

No podemos esperar a que ocurran tragedias para que la violencia de género sea tomada en serio. No podemos seguir viendo los mismos ciclos de violencia una y otra vez como si fueran irrelevantes. Es urgente reforzar las rutas de atención, generar espacios seguros y garantizar que ninguna mujer tenga que temer por su vida o su integridad. No se trata solo de cuidarnos entre nosotras, sino de asumirlo como un compromiso de toda la sociedad.

Porque cuando una mujer avanza, toda la humanidad lo hace. Su progreso no es solo suyo, es un legado que abre caminos para todas las que vendrán después. Sigamos construyendo el futuro juntas. Porque más que fuertes, queremos ser libres. Más que resistir, queremos vivir seguras. Queremos ser más nosotras.

Por: Sara Montero Muleth

Columnista
1 abril, 2025

Más fuertes, más libres, más nosotras

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Sara Montero Muleth

El desarrollo de cualquier sociedad ha estado marcado por la presencia, influencia y el liderazgo de mujeres. No hay un solo ámbito de la vida que no haya sido tocado por su fuerza, su inteligencia y su resiliencia. Su impacto está en la historia, en la sociedad, en la familia y en cada espacio donde hemos decidido estar.


El desarrollo de cualquier sociedad ha estado marcado por la presencia, influencia y el liderazgo de mujeres. No hay un solo ámbito de la vida que no haya sido tocado por su fuerza, su inteligencia y su resiliencia. Su impacto está en la historia, en la sociedad, en la familia y en cada espacio donde hemos decidido estar.

Las mujeres hemos sido heroínas en la reconstrucción de ciudades y países. Desde las que han liderado grandes movimientos hasta aquellas que, en su cotidianidad, transforman realidades sin esperar reconocimiento. Nuestro lugar en la política, en la ciencia, en la educación, en el arte, en la economía, seguirá siendo muy fuerte, desde diferentes lugares y épocas.

Eleanor Roosevelt fue una de las redactoras de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Malala Yousafzai luchó por la educación de las niñas frente a la violencia. Marie Curie, madre de la ciencia y la primera mujer en ganar un Premio Nobel. En Colombia, María Cano lideró la lucha por los derechos civiles, emergiendo como defensora del compromiso político y social de las mujeres. Gracias a ellas, y muchas más, somos libres de elegir nuestro propio destino hoy.

Y, por supuesto, las mujeres siguen luchando y contribuyendo hasta el día de hoy. Figuras como Petrona Martínez, que mantiene las tradiciones de nuestro país en su música; Teresita Gómez, una de las pianistas más destacadas de Colombia; la líder tecnológica Linda Patiño y una de las autoras colombianas más leídas en todo el mundo, Ángela Becerra.

Hoy, más que nunca, las mujeres seguiremos trabajando por tener la posibilidad de elegir nuestros caminos. No por imposición, sino por decisión. Podemos ser líderes, fundadoras de ‘startups’, investigadoras, activistas, artistas o lo que sea que soñemos ser. Una mujer hoy no es lo que otros esperan de ella; es lo que su voz quiere que sea a través de nuestras propias elecciones y aspiraciones.

Podemos ser hijas, madres, tías, hermanas, abuelas, pero también podemos ser científicas, deportistas y empresarias. La vocación, la convicción y el amor por lo que hacemos no se limitan a un solo espacio y rol. Nuestros sueños son nuestra fuerza, y también la inspiración para otras.

En mi experiencia, he tenido la fortuna de estar rodeada de mujeres extraordinarias. Mi abuela Sara, con su legado de casi 108 años, siempre será mi fuente de inspiración con su sabiduría e historias. Mi madre, mis tías, mis amigas, mis primas y todas las mujeres que he conocido a lo largo de mi vida. A ellas, mi eterna gratitud.

Pero este reconocimiento no tiene sentido si no lo acompañamos de acciones. Aún hoy, muchas mujeres viven en situaciones de indefensión y vulnerabilidad. No podemos romantizar la fortaleza cuando muchas mujeres se ven obligadas a ser fuertes para sobrevivir en un entorno que no las protege. Lo importante no es solo ser fuertes, sino vivir en una sociedad que no nos obligue a serlo todo el tiempo. Una sociedad que nos proteja, nos valore y nos garantice seguridad. Ahí es donde entra la importancia de fortalecer la prevención de la violencia, para que no siempre recaiga en nosotras la responsabilidad de resistir.

No podemos esperar a que ocurran tragedias para que la violencia de género sea tomada en serio. No podemos seguir viendo los mismos ciclos de violencia una y otra vez como si fueran irrelevantes. Es urgente reforzar las rutas de atención, generar espacios seguros y garantizar que ninguna mujer tenga que temer por su vida o su integridad. No se trata solo de cuidarnos entre nosotras, sino de asumirlo como un compromiso de toda la sociedad.

Porque cuando una mujer avanza, toda la humanidad lo hace. Su progreso no es solo suyo, es un legado que abre caminos para todas las que vendrán después. Sigamos construyendo el futuro juntas. Porque más que fuertes, queremos ser libres. Más que resistir, queremos vivir seguras. Queremos ser más nosotras.

Por: Sara Montero Muleth