Lo hecho por Manuel Zapata Olivella en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado bien vale la pena exaltar, porque produjo un gran despertar en la gran tierra nuestra, que construía un movimiento musical pero cuya divulgación era local.
Esa tarea la hizo él, que sumado a las anteriores y posteriores crónicas y reportajes que empezaron a circular en las nacientes plumas, entre las que se destacó, quien luego sería nuestro genio y nobel Gabriel García Márquez, más el ojo fotográfico de Nereo López, quien copió a los juglares y logró retratar a la provincia con sus mil colores.
Ese “médico ilustrado”, como lo señaló el juglar Juan Manuel Muegues, quien lo acompañó y pudo comprender que el ambiente después de ir a Bogotá no estaba lo mejor, no porque el objetivo no se estuviera cumpliendo sino que los recursos se agotaban y el gran quijote de apellido Zapata Olivella como lo dijera Muegues “cuando iba llegando a Armenia lo noté desorientado”.











