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Columnista - 5 abril, 2010

Los Jóvenes: ¿Un Problema o la Solución?

por: Imelda Daza Cotes Los jóvenes – grupo social que la ONU define como las personas que tienen entre 15 y 24 años – han ido adquiriendo  nuevos roles protagónicos en la sociedad. A veces los asumen con entusiasmo, otras con desgano. A veces cuentan con el apoyo de los adultos otras, se tropiezan con  […]

por: Imelda Daza Cotes

Los jóvenes – grupo social que la ONU define como las personas que tienen entre 15 y 24 años – han ido adquiriendo  nuevos roles protagónicos en la sociedad. A veces los asumen con entusiasmo, otras con desgano. A veces cuentan con el apoyo de los adultos otras, se tropiezan con  incomprensiones. A veces se rebelan, se agitan, promueven ideas, proponen cambios y formulan nuevos retos,  otras son presa del consumismo  y  se convierten en  agentes del mercado para imponer el uso y consumo de bienes suntuarios. Mucho depende del país y del tipo de  sociedad en que les toque vivir. No es igual el desempeño de un joven que ha tenido oportunidades de estudio y de disfrute de su niñez al de otro cuya infancia transcurrió en medio de penurias, carencias y conflictos. Pero a unos y otros la sociedad debe ofrecer posibilidades de prepararse de la mejor manera para enfrentar la vida como adultos y desempeñarse adecuadamente en la sociedad.
Los gobiernos en todo el mundo han empezado a preocuparse por diseñar políticas para los jóvenes. Se intenta apoyarlos en esa etapa de definiciones a nivel afectivo, social, sexual e intelectual  y con ese fin se crean organismos e instancias que les permitan ejercer algún protagonismo y adquirir experiencias a través de la participación activa en los procesos sociales.  El problema es que generalmente, estos programas han sido pensados desde el adultocentrismo, esto es, desde la perspectiva de unos adultos que se creen poseedores de verdades definitivas y están convencidos de  que por su experiencia y/o por su edad son el “modelo a seguir”. Nada más equivocado en el caso colombiano. Los jóvenes de la Colombia actual  tienen todo el derecho a cuestionar el proceder de unos adultos que les están dejando como herencia un país plagado de injusticias, de inequidades, de falta de oportunidades, de corrupción, de inmoralidad y por todo eso, un país en conflicto. Un país donde  la inmensa mayoría de los jóvenes sueña con abandonarlo en busca de mejores horizontes, de un trabajo digno,  posibilidades de estudio y mejor calidad de vida.
Muchos jóvenes no creen en lo que dicen los adultos, cuestionan su falta de coherencia, señalan sus incongruencias y lo hacen con sobradas razones. Conviene preguntarse cuáles son las oportunidades que la sociedad colombiana le ofrece a la juventud; ¿qué tan fácil le resulta a un joven educarse,  formarse como profesional, acceder a un empleo atractivo y bien remunerado, llevar una vida sana,  contar con una adecuada recreación, disponer de atención médica, participar activamente en la vida política  e incidir de manera efectiva en el diseño de un proyecto de país que los incluya a todos?
Es a partir de este cuestionamiento como puede definirse un programa de acción para los jóvenes. No se les ayuda descalificándolos como ocurrió recientemente cuando, según noticia difundida por este diario, una funcionaria del Gobierno Seccional dijo que  los jóvenes del Cesar  sufrían de pereza mental. ¿Qué se quiso decir con esto?  ¿A partir de qué análisis se formuló semejante diagnóstico tan derrotista? ¿Qué hacer entonces con una juventud enferma? ¿Cuánta responsabilidad le cabe a los adultos y qué piensan hacer para resolver el problema?  Tal vez  el comentario  fue sólo  una opinión ligera, poco meditada o a lo mejor se quiso hacer atractiva la noticia con un titulo que alarmara.
Lo que sea que pase con los jóvenes del Cesar  debe ser analizado de mejor forma, con el rigor que merece. Es necesario generar las condiciones para que a la juventud le sea dado formular utopías, soñar con un mundo mejor y un futuro promisorio. Hay que permitirles hacer alarde de su alegría, de su jovialidad, de su fuerza creativa, de su entusiasmo por la vida, de su habilidad para relacionarse unos con otros y debatir sin prejuicios los dogmas y verdades reveladas por tantos adultos que representan para ellos sólo frustraciones. Dejemos que los jóvenes cuestionen esos modelos fracasados y construyan un mundo libre de prejuicios, más tolerante y más incluyente. Tienen derecho a proponer nuevas cosas.  Ellos son la esperanza y a lo mejor son la solución no el problema. Dejemos que su optimismo y su vitalidad nos contagien a todos.

Columnista
5 abril, 2010

Los Jóvenes: ¿Un Problema o la Solución?

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Imelda Daza Cotes

por: Imelda Daza Cotes Los jóvenes – grupo social que la ONU define como las personas que tienen entre 15 y 24 años – han ido adquiriendo  nuevos roles protagónicos en la sociedad. A veces los asumen con entusiasmo, otras con desgano. A veces cuentan con el apoyo de los adultos otras, se tropiezan con  […]


por: Imelda Daza Cotes

Los jóvenes – grupo social que la ONU define como las personas que tienen entre 15 y 24 años – han ido adquiriendo  nuevos roles protagónicos en la sociedad. A veces los asumen con entusiasmo, otras con desgano. A veces cuentan con el apoyo de los adultos otras, se tropiezan con  incomprensiones. A veces se rebelan, se agitan, promueven ideas, proponen cambios y formulan nuevos retos,  otras son presa del consumismo  y  se convierten en  agentes del mercado para imponer el uso y consumo de bienes suntuarios. Mucho depende del país y del tipo de  sociedad en que les toque vivir. No es igual el desempeño de un joven que ha tenido oportunidades de estudio y de disfrute de su niñez al de otro cuya infancia transcurrió en medio de penurias, carencias y conflictos. Pero a unos y otros la sociedad debe ofrecer posibilidades de prepararse de la mejor manera para enfrentar la vida como adultos y desempeñarse adecuadamente en la sociedad.
Los gobiernos en todo el mundo han empezado a preocuparse por diseñar políticas para los jóvenes. Se intenta apoyarlos en esa etapa de definiciones a nivel afectivo, social, sexual e intelectual  y con ese fin se crean organismos e instancias que les permitan ejercer algún protagonismo y adquirir experiencias a través de la participación activa en los procesos sociales.  El problema es que generalmente, estos programas han sido pensados desde el adultocentrismo, esto es, desde la perspectiva de unos adultos que se creen poseedores de verdades definitivas y están convencidos de  que por su experiencia y/o por su edad son el “modelo a seguir”. Nada más equivocado en el caso colombiano. Los jóvenes de la Colombia actual  tienen todo el derecho a cuestionar el proceder de unos adultos que les están dejando como herencia un país plagado de injusticias, de inequidades, de falta de oportunidades, de corrupción, de inmoralidad y por todo eso, un país en conflicto. Un país donde  la inmensa mayoría de los jóvenes sueña con abandonarlo en busca de mejores horizontes, de un trabajo digno,  posibilidades de estudio y mejor calidad de vida.
Muchos jóvenes no creen en lo que dicen los adultos, cuestionan su falta de coherencia, señalan sus incongruencias y lo hacen con sobradas razones. Conviene preguntarse cuáles son las oportunidades que la sociedad colombiana le ofrece a la juventud; ¿qué tan fácil le resulta a un joven educarse,  formarse como profesional, acceder a un empleo atractivo y bien remunerado, llevar una vida sana,  contar con una adecuada recreación, disponer de atención médica, participar activamente en la vida política  e incidir de manera efectiva en el diseño de un proyecto de país que los incluya a todos?
Es a partir de este cuestionamiento como puede definirse un programa de acción para los jóvenes. No se les ayuda descalificándolos como ocurrió recientemente cuando, según noticia difundida por este diario, una funcionaria del Gobierno Seccional dijo que  los jóvenes del Cesar  sufrían de pereza mental. ¿Qué se quiso decir con esto?  ¿A partir de qué análisis se formuló semejante diagnóstico tan derrotista? ¿Qué hacer entonces con una juventud enferma? ¿Cuánta responsabilidad le cabe a los adultos y qué piensan hacer para resolver el problema?  Tal vez  el comentario  fue sólo  una opinión ligera, poco meditada o a lo mejor se quiso hacer atractiva la noticia con un titulo que alarmara.
Lo que sea que pase con los jóvenes del Cesar  debe ser analizado de mejor forma, con el rigor que merece. Es necesario generar las condiciones para que a la juventud le sea dado formular utopías, soñar con un mundo mejor y un futuro promisorio. Hay que permitirles hacer alarde de su alegría, de su jovialidad, de su fuerza creativa, de su entusiasmo por la vida, de su habilidad para relacionarse unos con otros y debatir sin prejuicios los dogmas y verdades reveladas por tantos adultos que representan para ellos sólo frustraciones. Dejemos que los jóvenes cuestionen esos modelos fracasados y construyan un mundo libre de prejuicios, más tolerante y más incluyente. Tienen derecho a proponer nuevas cosas.  Ellos son la esperanza y a lo mejor son la solución no el problema. Dejemos que su optimismo y su vitalidad nos contagien a todos.