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Columnista - 28 marzo, 2010

Las presidenciales

P E R I S C O P I O Por: Jaime Gnecco Hernandez En menos de setenta días tendremos en el país nuevas elecciones; ésta vez para escoger nada menos que al Presidente de la República; que como es obvio, tratará de ser elegido nuevamente al término de su mandato de cuatro años pues […]

P E R I S C O P I O
Por: Jaime Gnecco Hernandez
En menos de setenta días tendremos en el país nuevas elecciones; ésta vez para escoger nada menos que al Presidente de la República; que como es obvio, tratará de ser elegido nuevamente al término de su mandato de cuatro años pues como sabemos, ya está roto el dique que prohibía la reelección inmediata; por lo que por lo menos teóricamente, el elegido estará ocho años en la Presidencia, así que mucho cuidado con lo que hemos de hacer.
Sabido es que con los ocho años de gobierno de Uribe a mucha gente le fue muy bien; sus copartidarios, los conservadores, se afianzaron en el gobierno y les ha ido mejor en las pasadas elecciones, al punto que tienen candidato propio a la Presidencia, algo que hace unos años no ocurría. A sus familiares, sus hijos, por ejemplo, pasaron de vendedores de pulseritas artesanales a ser grandes empresarios dueños de zonas francas en el país y compradores de las mejores tierras de que dispone Colombia, lo que han hecho con el concurso de los funcionarios de las entidades que dependen de Minagricultura, a quienes se envían por todo el país a verificar cuales son las mejores tierras, desplazamientos que son cubiertos por las entidades con sus viáticos, para que el “capo dei tutti capi” escoja para comprar las que les gusten.
Igual se beneficiaron sus antiguos y actuales socios, los industriales y ricos en general, así como los tránsfugas que abandonaron sus partidos para alinearse en los de garaje que fundó con sus cómplices, a todos ellos les fue bien, pero a los pobres, a los que tuvieron la entereza de persistir en su ideología sin ir tras las dádivas y al pueblo raso en general, les fue muy mal.
Hay casi consenso entre mucha gente en el sentido que el próximo presidente será Juan Manuel Santos por ser el candidato del partido de la “U”, yo no estaría tan seguro pues veo muchas opciones en contrario y en primer lugar, creo que no habrá el 30 de mayo tanto voto comprado como el 14 pasado, o serán más caros, a menos que triunfe en la primera vuelta, lo que  tampoco lo vislumbro.

Colombia en éstas elecciones se jugará el futuro de todos, de acuerdo a quien rija los destinos del país tendremos en adelante el mismo desenfreno en la corrupción rampante que se roba los dineros del pueblo, pues seguirán los mismos con las mismas ya amancebados en el poder con todas las triquiñuelas aprendidas para el “tapen, tapen”o  podemos tener una apertura hacia la decencia, hacia la civilización, hacia el patriotismo y la humanidad y eso no lo va a encontrar el elector colombiano en los candidatos adictos al uribismo que sólo quieren el poder para usufructuarlo ellos solos.
Necesitamos, entonces, candidatos que en el pasado hayan dado pruebas de todo lo contrario de lo que significa el uribismo, o sea, independencia de la politiquería, freno a la corrupción, imparcialidad conceptual y ejecutiva,  y sujeción a la ley; fuera de que, como intuimos y resultará cierto, gobierne quien gobierne, Uribe se constituirá o en el poder detrás del trono, o en el opositor más feroz; por ello se necesitará un candidato que no le tiemble la mano al aplicar la Constitución y las leyes de la República, ante cualquier eventualidad por amarga y dura que ella sea.
Movilizando el periscopio en todas direcciones y tratando de darle un giro copernicano al futuro de la nación, sólo vemos en el horizonte dos personas capaces de propiciar y ejecutar éste giro, pues los demás se van a detener en pequeñas venganzas, o estarán pendientes de los contratos, de las comisiones, o asegurándose que a sus familiares y amigos les vaya muy bien, porque buenos familiares sí son los malos políticos.
Esas personas son Jaime Araújo Rentería y Antanas Mockus, dos fuera de serie que han dado muestras, donde quiera han estado, de sapiencia, verticalidad, pulcritud y honradez. Ésta es la gente que necesitamos para construir un país equitativo, económicamente libre, socialmente justo y políticamente soberano, como es el deseo y necesidad de nuestros pueblos. El próximo domingo la seguimos.

Columnista
28 marzo, 2010

Las presidenciales

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.

P E R I S C O P I O Por: Jaime Gnecco Hernandez En menos de setenta días tendremos en el país nuevas elecciones; ésta vez para escoger nada menos que al Presidente de la República; que como es obvio, tratará de ser elegido nuevamente al término de su mandato de cuatro años pues […]


P E R I S C O P I O
Por: Jaime Gnecco Hernandez
En menos de setenta días tendremos en el país nuevas elecciones; ésta vez para escoger nada menos que al Presidente de la República; que como es obvio, tratará de ser elegido nuevamente al término de su mandato de cuatro años pues como sabemos, ya está roto el dique que prohibía la reelección inmediata; por lo que por lo menos teóricamente, el elegido estará ocho años en la Presidencia, así que mucho cuidado con lo que hemos de hacer.
Sabido es que con los ocho años de gobierno de Uribe a mucha gente le fue muy bien; sus copartidarios, los conservadores, se afianzaron en el gobierno y les ha ido mejor en las pasadas elecciones, al punto que tienen candidato propio a la Presidencia, algo que hace unos años no ocurría. A sus familiares, sus hijos, por ejemplo, pasaron de vendedores de pulseritas artesanales a ser grandes empresarios dueños de zonas francas en el país y compradores de las mejores tierras de que dispone Colombia, lo que han hecho con el concurso de los funcionarios de las entidades que dependen de Minagricultura, a quienes se envían por todo el país a verificar cuales son las mejores tierras, desplazamientos que son cubiertos por las entidades con sus viáticos, para que el “capo dei tutti capi” escoja para comprar las que les gusten.
Igual se beneficiaron sus antiguos y actuales socios, los industriales y ricos en general, así como los tránsfugas que abandonaron sus partidos para alinearse en los de garaje que fundó con sus cómplices, a todos ellos les fue bien, pero a los pobres, a los que tuvieron la entereza de persistir en su ideología sin ir tras las dádivas y al pueblo raso en general, les fue muy mal.
Hay casi consenso entre mucha gente en el sentido que el próximo presidente será Juan Manuel Santos por ser el candidato del partido de la “U”, yo no estaría tan seguro pues veo muchas opciones en contrario y en primer lugar, creo que no habrá el 30 de mayo tanto voto comprado como el 14 pasado, o serán más caros, a menos que triunfe en la primera vuelta, lo que  tampoco lo vislumbro.

Colombia en éstas elecciones se jugará el futuro de todos, de acuerdo a quien rija los destinos del país tendremos en adelante el mismo desenfreno en la corrupción rampante que se roba los dineros del pueblo, pues seguirán los mismos con las mismas ya amancebados en el poder con todas las triquiñuelas aprendidas para el “tapen, tapen”o  podemos tener una apertura hacia la decencia, hacia la civilización, hacia el patriotismo y la humanidad y eso no lo va a encontrar el elector colombiano en los candidatos adictos al uribismo que sólo quieren el poder para usufructuarlo ellos solos.
Necesitamos, entonces, candidatos que en el pasado hayan dado pruebas de todo lo contrario de lo que significa el uribismo, o sea, independencia de la politiquería, freno a la corrupción, imparcialidad conceptual y ejecutiva,  y sujeción a la ley; fuera de que, como intuimos y resultará cierto, gobierne quien gobierne, Uribe se constituirá o en el poder detrás del trono, o en el opositor más feroz; por ello se necesitará un candidato que no le tiemble la mano al aplicar la Constitución y las leyes de la República, ante cualquier eventualidad por amarga y dura que ella sea.
Movilizando el periscopio en todas direcciones y tratando de darle un giro copernicano al futuro de la nación, sólo vemos en el horizonte dos personas capaces de propiciar y ejecutar éste giro, pues los demás se van a detener en pequeñas venganzas, o estarán pendientes de los contratos, de las comisiones, o asegurándose que a sus familiares y amigos les vaya muy bien, porque buenos familiares sí son los malos políticos.
Esas personas son Jaime Araújo Rentería y Antanas Mockus, dos fuera de serie que han dado muestras, donde quiera han estado, de sapiencia, verticalidad, pulcritud y honradez. Ésta es la gente que necesitamos para construir un país equitativo, económicamente libre, socialmente justo y políticamente soberano, como es el deseo y necesidad de nuestros pueblos. El próximo domingo la seguimos.