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Columnista - 10 abril, 2023

La vida premia a los buenos

Dios bendijo aquel momento, noche del cuatro de abril

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I

Carmelo Morelli fue 

hombre de noble virtud, 

su niñez y juventud 

se nutrieron en la fe. 

De frente estuvo de pie 

descubriendo su camino, 

trabajó desde muy niño 

con honradez y empeño; 

la vida premia a los buenos 

es un mandato divino.

     II

Dios bendijo aquel momento, 

noche del cuatro de abril

a media luz de un candil 

alegría en el aposento, 

milagro del nacimiento 

de hermoso niño elegante, 

su madre Sara radiante 

con su sonrisa de estaño; 

se cumplen ciento dos años 

de ese instante fascinante. 

              III

Con el nombre de Carmelo 

el niño fue bautizado. 

En el trabajo fue honrado 

y nunca detuvo el vuelo. 

Ahora es un ángel del cielo 

por sus bondades sinceras, 

fue incansable en sus quimeras, 

siempre supo cultivar 

en el jardín de su hogar 

racimos de primaveras. 

        IV

El tiempo con su carroza 

es la nave terrenal; 

en la Casa Celestial 

viven las almas piadosas. 

Ena Socarrás, su esposa 

feliz con sus ocho hijos 

y nietos, también testigos  

de los premios de la vida;  

linda familia querida 

que Santo Eccehomo bendijo.

Por José Atuesta Mindiola

Columnista
10 abril, 2023

La vida premia a los buenos

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
José Atuesta Mindiola

Dios bendijo aquel momento, noche del cuatro de abril


I

Carmelo Morelli fue 

hombre de noble virtud, 

su niñez y juventud 

se nutrieron en la fe. 

De frente estuvo de pie 

descubriendo su camino, 

trabajó desde muy niño 

con honradez y empeño; 

la vida premia a los buenos 

es un mandato divino.

     II

Dios bendijo aquel momento, 

noche del cuatro de abril

a media luz de un candil 

alegría en el aposento, 

milagro del nacimiento 

de hermoso niño elegante, 

su madre Sara radiante 

con su sonrisa de estaño; 

se cumplen ciento dos años 

de ese instante fascinante. 

              III

Con el nombre de Carmelo 

el niño fue bautizado. 

En el trabajo fue honrado 

y nunca detuvo el vuelo. 

Ahora es un ángel del cielo 

por sus bondades sinceras, 

fue incansable en sus quimeras, 

siempre supo cultivar 

en el jardín de su hogar 

racimos de primaveras. 

        IV

El tiempo con su carroza 

es la nave terrenal; 

en la Casa Celestial 

viven las almas piadosas. 

Ena Socarrás, su esposa 

feliz con sus ocho hijos 

y nietos, también testigos  

de los premios de la vida;  

linda familia querida 

que Santo Eccehomo bendijo.

Por José Atuesta Mindiola