En el Mercado Público de Valledupar, 2.000 familias dependen directamente de lo que puedan producen con las ventas que realizan en sus locales, pero también están los vendedores informales ubicados en los alrededores de la central de abastos, lo que genera una lucha entre la formalidad e informalidad y más en esta época donde el coronavirus ha cambiado las reglas del juego.
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La puja entre el comercio legal y el informal sigue avanzando y al interior de la plaza de mercado el movimiento del comercio se vive por oleadas, un día puede que los almacenes y colmenas se llenen de compradores y al día siguiente el miedo se apodera de los clientes haciendo que la soledad reine.











