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Columnista - 17 febrero, 2010

LA MARCA DEL LUSTRO

Desde Mi Cocina Por: Silvia Betancourt Alliegro La huella del lustro marca las sendas por las que transitamos como nación, así como el anarquismo está organizado por regiones, y son secuelas de la Constitución de 1856, que en su Artículo 1º  hablaba de los Estados que se confederaron a perpetuidad: Antioquia, Bolívar, Boyacá, Cauca, Cundinamarca, […]

Desde Mi Cocina

Por: Silvia Betancourt Alliegro

La huella del lustro marca las sendas por las que transitamos como nación, así como el anarquismo está organizado por regiones, y son secuelas de la Constitución de 1856, que en su Artículo 1º  hablaba de los Estados que se confederaron a perpetuidad: Antioquia, Bolívar, Boyacá, Cauca, Cundinamarca, Magdalena, Panamá y Santander.

Dicha Constitución fue un logro del parlamento, en su mayoría conservadora, pero pasados cinco años, en 1863, se expidió una nueva Constitución, y en esa ocasión el constituyente fue principalmente liberal; aclarando eso sí, que para ese año, se sumó un nuevo Estado: el del Tolima.

Dentro de ese sistema federal surgió el desarrollo económico, básicamente desde Antioquia, principal explotador minero por aquel entonces, y que se ideó el más avanzado Código de Minas – así que no es nada improvisada la tenacidad de ese sindicato -, sería bueno para el actual departamento del Cesar, echarle una estudiada al antiguo código antioqueño.

No hubo una Legislación Agraria uniforme para el país – lo que hubiera motivado el enfrentamiento entre las diferentes oligarquías -, desde las regiones resolvieron el problema agrario sin confrontaciones militares, y las ‘formas’ se utilizan hasta nuestros días, al menos oficialmente. Las contiendas que estamos padeciendo son regionales, pero tienen un nuevo ingrediente: el poder económico emanado del tráfico de estupefacientes que no respeta linderos.

La ausencia de  Legislación Nacional Agraria permitió que las tierras se repartieran así: las de los resguardos pasaron a manos privadas; los bienes de la Iglesia también fueron repartidos (los que se podían). Pero en Antioquia…se resolvió de otra manera: por medio de la colonización.

Bueno, sí hubo una guerra nacional, en 1876, porque las condiciones económicas sufrieron descalabros por la caída de las exportaciones de tabaco y quina, por motivos que habría que estudiar con los cien puntos del TLC en la mano.

El peso de las regiones –que aún persiste- a través del sistema federal, impidió la consolidación de un dictador.

A diferencia de la mayoría de los países latinoamericanos, en Colombia no ha existido un dictador que se perpetúe en el poder. Quienes en los pasados dos siglos lo han intentado, han tenido que retirarse sin que haya transcurrido más de un lustro de gobierno. Eso escribí hace un lustro, exactamente, ahora nuestra historia patria se ha bifurcado en  antes y después de Álvaro Uribe Vélez.

El hecho de que la economía colombiana fuera diminuta y además periférica para los intereses del capitalismo mundial, la salvó de que apareciera en su historia un dictador que cumpliera las funciones de Agente Imperial… eso aseguré hace cinco años, ahora somos agentes de los Estados Unidos de América.

Debemos dar gracias a Dios que todavía somos diminutos en la economía, en la infraestructura, en recursos humanos; y debemos orar para que nuestra posición geográfica, no sea concedida a los colonizadores… esto escribí hace cinco años; mis oraciones no fueron escuchadas.
[email protected]

Columnista
17 febrero, 2010

LA MARCA DEL LUSTRO

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Silvia Betancourt Alliegro

Desde Mi Cocina Por: Silvia Betancourt Alliegro La huella del lustro marca las sendas por las que transitamos como nación, así como el anarquismo está organizado por regiones, y son secuelas de la Constitución de 1856, que en su Artículo 1º  hablaba de los Estados que se confederaron a perpetuidad: Antioquia, Bolívar, Boyacá, Cauca, Cundinamarca, […]


Desde Mi Cocina

Por: Silvia Betancourt Alliegro

La huella del lustro marca las sendas por las que transitamos como nación, así como el anarquismo está organizado por regiones, y son secuelas de la Constitución de 1856, que en su Artículo 1º  hablaba de los Estados que se confederaron a perpetuidad: Antioquia, Bolívar, Boyacá, Cauca, Cundinamarca, Magdalena, Panamá y Santander.

Dicha Constitución fue un logro del parlamento, en su mayoría conservadora, pero pasados cinco años, en 1863, se expidió una nueva Constitución, y en esa ocasión el constituyente fue principalmente liberal; aclarando eso sí, que para ese año, se sumó un nuevo Estado: el del Tolima.

Dentro de ese sistema federal surgió el desarrollo económico, básicamente desde Antioquia, principal explotador minero por aquel entonces, y que se ideó el más avanzado Código de Minas – así que no es nada improvisada la tenacidad de ese sindicato -, sería bueno para el actual departamento del Cesar, echarle una estudiada al antiguo código antioqueño.

No hubo una Legislación Agraria uniforme para el país – lo que hubiera motivado el enfrentamiento entre las diferentes oligarquías -, desde las regiones resolvieron el problema agrario sin confrontaciones militares, y las ‘formas’ se utilizan hasta nuestros días, al menos oficialmente. Las contiendas que estamos padeciendo son regionales, pero tienen un nuevo ingrediente: el poder económico emanado del tráfico de estupefacientes que no respeta linderos.

La ausencia de  Legislación Nacional Agraria permitió que las tierras se repartieran así: las de los resguardos pasaron a manos privadas; los bienes de la Iglesia también fueron repartidos (los que se podían). Pero en Antioquia…se resolvió de otra manera: por medio de la colonización.

Bueno, sí hubo una guerra nacional, en 1876, porque las condiciones económicas sufrieron descalabros por la caída de las exportaciones de tabaco y quina, por motivos que habría que estudiar con los cien puntos del TLC en la mano.

El peso de las regiones –que aún persiste- a través del sistema federal, impidió la consolidación de un dictador.

A diferencia de la mayoría de los países latinoamericanos, en Colombia no ha existido un dictador que se perpetúe en el poder. Quienes en los pasados dos siglos lo han intentado, han tenido que retirarse sin que haya transcurrido más de un lustro de gobierno. Eso escribí hace un lustro, exactamente, ahora nuestra historia patria se ha bifurcado en  antes y después de Álvaro Uribe Vélez.

El hecho de que la economía colombiana fuera diminuta y además periférica para los intereses del capitalismo mundial, la salvó de que apareciera en su historia un dictador que cumpliera las funciones de Agente Imperial… eso aseguré hace cinco años, ahora somos agentes de los Estados Unidos de América.

Debemos dar gracias a Dios que todavía somos diminutos en la economía, en la infraestructura, en recursos humanos; y debemos orar para que nuestra posición geográfica, no sea concedida a los colonizadores… esto escribí hace cinco años; mis oraciones no fueron escuchadas.
[email protected]