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Columnista - 2 julio, 2024

La libertad (V), dualismo y ética en Platón 

Platón tenía una concepción dualista de  la totalidad de la existencia:  su metafísica, estaba constituida por el mundo de las ideas y lo sensible, por el mundo material;  en cuanto al conocimiento, igualmente, el de las ideas conformado por la razón y  el material, por la doxa u opinión que tenemos acerca de las cosas; […]

Platón tenía una concepción dualista de  la totalidad de la existencia:  su metafísica, estaba constituida por el mundo de las ideas y lo sensible, por el mundo material;  en cuanto al conocimiento, igualmente, el de las ideas conformado por la razón y  el material, por la doxa u opinión que tenemos acerca de las cosas; y referido al hombre, por su cuerpo y por su alma.

Como el cuerpo del hombre hace parte del mundo material, va a ser corruptible y mortal; por el contrario, como el alma hace parte del mundo espiritual, va a ser incorruptible e inmortal. Esta, por ser  racional, es la que nos permite conocer los mundos. 

Ahora bien, como las constituciones del cuerpo y del alma son distintas, siempre habrá una lucha entre ambos, al punto que Platón va a decir que aquel es una cárcel para el alma. Esta intentará regresar al mundo de las ideas, pero el cuerpo intervendrá, tratando de evitarlo. A partir de entonces la cultura occidental considerará más importante al alma que al cuerpo, y dará lugar al llamado amor platónico, sólo amor del alma, y a la  búsqueda de la unidad andrógena del cuerpo y del alma.

Como consecuencia de lo anterior, Platón sostiene que cuando morimos el alma se libera del cuerpo y puede suceder una de dos cosas: puede transmigrar hasta lograr su purificación, o, encontrándose ya purificada,  regresará al mundo de las ideas. 

Platón demuestra la existencia del alma y su inmortalidad; primero, mediante su teoría de la reminiscencia y, segundo, conforme a la idea de la simplicidad de Ella. Lo primero, porque perteneciendo Ella al mundo de las ideas, sería obvio que pudiera subsistir sin el cuerpo; Lo segundo, igualmente, como consecuencia de su simplicidad. 

Platón, además, caracteriza al alma como animadora del cuerpo, y la distingue en sí constituida por una tríada: una parte racional, virtuosa, buena, que la sitúa en el cerebro humano, permitiéndonos el conocimiento intelectual, por lo cual sería apta para gobernar a las otras dos, siendo la parte inmortal del alma; las otras dos partes, serían la irascible, situada en el pecho, y es responsable de la voluntad, y la tercera parte, concupiscible, localizada en el vientre, y es la encargada de  la subsistencia. 

A cada una de tales almas corresponde una virtud particular: a la racional, la sabiduría o prudencia; a la irascible, la valentía, y a la concupiscible, la templanza; y su observancia hace libre al hombre. 

¿Y qué es la virtud para Platón? Es el desarrollo ético propio del ser humano, el cual debe ser universal, de todos los hombres. 

Finalmente, estas tres virtudes han de ser armonizadas por la justicia,  cumpliendo cada una ellas su objetivo saludable, individual y socialmente. 

Las doctrinas de Platón han influido grandemente en los fundamentos de la cultura espiritual de Occidente, desde luego en  la teología de la religión cristiana.  [email protected]

Rodrigo López Barros 

Columnista
2 julio, 2024

La libertad (V), dualismo y ética en Platón 

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Rodrigo López Barros

Platón tenía una concepción dualista de  la totalidad de la existencia:  su metafísica, estaba constituida por el mundo de las ideas y lo sensible, por el mundo material;  en cuanto al conocimiento, igualmente, el de las ideas conformado por la razón y  el material, por la doxa u opinión que tenemos acerca de las cosas; […]


Platón tenía una concepción dualista de  la totalidad de la existencia:  su metafísica, estaba constituida por el mundo de las ideas y lo sensible, por el mundo material;  en cuanto al conocimiento, igualmente, el de las ideas conformado por la razón y  el material, por la doxa u opinión que tenemos acerca de las cosas; y referido al hombre, por su cuerpo y por su alma.

Como el cuerpo del hombre hace parte del mundo material, va a ser corruptible y mortal; por el contrario, como el alma hace parte del mundo espiritual, va a ser incorruptible e inmortal. Esta, por ser  racional, es la que nos permite conocer los mundos. 

Ahora bien, como las constituciones del cuerpo y del alma son distintas, siempre habrá una lucha entre ambos, al punto que Platón va a decir que aquel es una cárcel para el alma. Esta intentará regresar al mundo de las ideas, pero el cuerpo intervendrá, tratando de evitarlo. A partir de entonces la cultura occidental considerará más importante al alma que al cuerpo, y dará lugar al llamado amor platónico, sólo amor del alma, y a la  búsqueda de la unidad andrógena del cuerpo y del alma.

Como consecuencia de lo anterior, Platón sostiene que cuando morimos el alma se libera del cuerpo y puede suceder una de dos cosas: puede transmigrar hasta lograr su purificación, o, encontrándose ya purificada,  regresará al mundo de las ideas. 

Platón demuestra la existencia del alma y su inmortalidad; primero, mediante su teoría de la reminiscencia y, segundo, conforme a la idea de la simplicidad de Ella. Lo primero, porque perteneciendo Ella al mundo de las ideas, sería obvio que pudiera subsistir sin el cuerpo; Lo segundo, igualmente, como consecuencia de su simplicidad. 

Platón, además, caracteriza al alma como animadora del cuerpo, y la distingue en sí constituida por una tríada: una parte racional, virtuosa, buena, que la sitúa en el cerebro humano, permitiéndonos el conocimiento intelectual, por lo cual sería apta para gobernar a las otras dos, siendo la parte inmortal del alma; las otras dos partes, serían la irascible, situada en el pecho, y es responsable de la voluntad, y la tercera parte, concupiscible, localizada en el vientre, y es la encargada de  la subsistencia. 

A cada una de tales almas corresponde una virtud particular: a la racional, la sabiduría o prudencia; a la irascible, la valentía, y a la concupiscible, la templanza; y su observancia hace libre al hombre. 

¿Y qué es la virtud para Platón? Es el desarrollo ético propio del ser humano, el cual debe ser universal, de todos los hombres. 

Finalmente, estas tres virtudes han de ser armonizadas por la justicia,  cumpliendo cada una ellas su objetivo saludable, individual y socialmente. 

Las doctrinas de Platón han influido grandemente en los fundamentos de la cultura espiritual de Occidente, desde luego en  la teología de la religión cristiana.  [email protected]

Rodrigo López Barros