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Columnista - 22 marzo, 2022

La ley de la intimidación (Contra la pared)

Los daños físicos y psicológicos para con la sociedad perdieron su autonomía ante el poder de la verdad de los sensatos y de la solidaridad del mundo pensante, que no cree en los falsos ídolos que nunca han sudado y que se dedicaron a vivir del trabajo de los justos 

“El mal es una característica inherente al ser humano que se encarga de perturbar en todo momento la felicidad que produce la práctica del bien.”

La intimidación es la política del temor, que trata de reducir a las personas a su más mínima expresión, llevándolas a tal punto que las someten a la voluntad del intimidador, sintiéndose aquellas entre rejas prisioneras sin recursos de defensa alguna.

La carencia en la aplicación de la ley da paso libre este tipo de chantaje, muy usado en los amantes del poder sin control, instituciones, lugares laborales, etc., puesta en práctica por una sociedad sin vergüenza, falta de ética y sin valores humanos de ninguna clase. 

El populismo sectario utiliza esta arma y está ocupando lugares de privilegio en la actualidad donde se quiere buscar y ejercer el poder a cambio del miedo y del odio.

La intimidación es la política del débil de conocimientos y sabiduría, que al no entender para dónde van y para que no se les enrede el camino, acuden al miedo y al temor y su objetivo principal es dividir para provocar el desorden entre unos y otros.

Normalmente dentro de las confrontaciones políticas  quien no tiene asidero de triunfo, pues sus ideas no calan dentro de la estructura total de una organización, la sublevación sale a relucir a través de la movilización de las clases populares para tratar de unir sus bases, casi siempre sometidas a la voluntad de unos pocos, llamados intimidadores, los que persiguen el poder a través del miedo y que buscan, mediante sus métodos, la invención de temas absurdos para mantener vivas las voluntades ajenas perdidas en la ignorancia y culpar al adversario de todos los males reales e imaginarios.

Para ello se basan en hipócritas infiltrados que han vivido todo el tiempo de sus bajas actuaciones, cuyo trabajo es la persecución permanente para con sus inventados enemigos a quienes culpan desde la clandestinidad de todos los males habidos y por haber para luego lanzarlos a las manos de la injusticia social y ante un pueblo que, por la falta total de educación, acepta normalmente todo lo que infunden los enemigos de la ley.

Pero los tiempos están cambiando y los aplicadores de la ley están tomando cada día conciencia sobre la verdad verdadera de los hechos y por ello se mantiene la esperanza que el poder nunca caerá en manos de la soberbia, ni mucho menos del odio pues el futuro de la vida no está en la guerra, sino en la paz a través del servicio social.

Los daños físicos y psicológicos para con la sociedad perdieron su autonomía ante el poder de la verdad de los sensatos y de la solidaridad del mundo pensante, que no cree en los falsos ídolos que nunca han sudado y que se dedicaron a vivir del trabajo de los justos 

Los males del mundo te harán daño si los dejas entrar en ti.

El intimidador además de no poseer autoestima, su rencor natural no le permite la asociación con los demás, pues su comportamiento agresivo lo lleva al desprecio en su entorno.

El intimidador verbal es de mucho cuidado en las contiendas políticas, pero cae fácilmente, pues casi nunca tiene conciencia de lo que dice, pues se lo arrebata el odio y la hipocresía.

Y mucho cuidado, porque quien patrocina actitudes políticas desviadas se hará compañero permanente de la injusticia.

Columnista
22 marzo, 2022

La ley de la intimidación (Contra la pared)

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Fausto Cotes

Los daños físicos y psicológicos para con la sociedad perdieron su autonomía ante el poder de la verdad de los sensatos y de la solidaridad del mundo pensante, que no cree en los falsos ídolos que nunca han sudado y que se dedicaron a vivir del trabajo de los justos 


“El mal es una característica inherente al ser humano que se encarga de perturbar en todo momento la felicidad que produce la práctica del bien.”

La intimidación es la política del temor, que trata de reducir a las personas a su más mínima expresión, llevándolas a tal punto que las someten a la voluntad del intimidador, sintiéndose aquellas entre rejas prisioneras sin recursos de defensa alguna.

La carencia en la aplicación de la ley da paso libre este tipo de chantaje, muy usado en los amantes del poder sin control, instituciones, lugares laborales, etc., puesta en práctica por una sociedad sin vergüenza, falta de ética y sin valores humanos de ninguna clase. 

El populismo sectario utiliza esta arma y está ocupando lugares de privilegio en la actualidad donde se quiere buscar y ejercer el poder a cambio del miedo y del odio.

La intimidación es la política del débil de conocimientos y sabiduría, que al no entender para dónde van y para que no se les enrede el camino, acuden al miedo y al temor y su objetivo principal es dividir para provocar el desorden entre unos y otros.

Normalmente dentro de las confrontaciones políticas  quien no tiene asidero de triunfo, pues sus ideas no calan dentro de la estructura total de una organización, la sublevación sale a relucir a través de la movilización de las clases populares para tratar de unir sus bases, casi siempre sometidas a la voluntad de unos pocos, llamados intimidadores, los que persiguen el poder a través del miedo y que buscan, mediante sus métodos, la invención de temas absurdos para mantener vivas las voluntades ajenas perdidas en la ignorancia y culpar al adversario de todos los males reales e imaginarios.

Para ello se basan en hipócritas infiltrados que han vivido todo el tiempo de sus bajas actuaciones, cuyo trabajo es la persecución permanente para con sus inventados enemigos a quienes culpan desde la clandestinidad de todos los males habidos y por haber para luego lanzarlos a las manos de la injusticia social y ante un pueblo que, por la falta total de educación, acepta normalmente todo lo que infunden los enemigos de la ley.

Pero los tiempos están cambiando y los aplicadores de la ley están tomando cada día conciencia sobre la verdad verdadera de los hechos y por ello se mantiene la esperanza que el poder nunca caerá en manos de la soberbia, ni mucho menos del odio pues el futuro de la vida no está en la guerra, sino en la paz a través del servicio social.

Los daños físicos y psicológicos para con la sociedad perdieron su autonomía ante el poder de la verdad de los sensatos y de la solidaridad del mundo pensante, que no cree en los falsos ídolos que nunca han sudado y que se dedicaron a vivir del trabajo de los justos 

Los males del mundo te harán daño si los dejas entrar en ti.

El intimidador además de no poseer autoestima, su rencor natural no le permite la asociación con los demás, pues su comportamiento agresivo lo lleva al desprecio en su entorno.

El intimidador verbal es de mucho cuidado en las contiendas políticas, pero cae fácilmente, pues casi nunca tiene conciencia de lo que dice, pues se lo arrebata el odio y la hipocresía.

Y mucho cuidado, porque quien patrocina actitudes políticas desviadas se hará compañero permanente de la injusticia.