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Columnista - 14 mayo, 2010

La Duma desalmada

Por: Raúl Bermúdez Márquez Hace unos meses, cuando los medios locales de Valledupar difundieron la noticia de que el gobernador del Cesar Cristian Moreno, había demandado ante el organismo contencioso competente una Ordenanza de la Asamblea Departamental que reconocía salarios y prestaciones como si los diputados sesionaran los 12 meses del año, le hice el […]

Por: Raúl Bermúdez Márquez

Hace unos meses, cuando los medios locales de Valledupar difundieron la noticia de que el gobernador del Cesar Cristian Moreno, había demandado ante el organismo contencioso competente una Ordenanza de la Asamblea Departamental que reconocía salarios y prestaciones como si los diputados sesionaran los 12 meses del año, le hice el siguiente comentario a un amigo: “Te apuesto mil a uno que la manera expedita como se cobrarán los diputados esa decisión del gobernador, será negándole hasta última hora la autorización para contratar o firmar convenios”. El amigo, también conocedor del almendrón politiquero, no se quiso arriesgar. Y… dicho y hecho. El espectáculo deprimente al que el pueblo del Cesar asiste hoy es que, terminadas las sesiones ordinarias de la Duma, no hubo argumento alguno que convenciera a sus integrantes de la necesidad de renovar las facultades al Gobernador para que siguiera ejerciendo su labor constitucional de administrar al Cesar en condiciones normales. Caso único en Colombia que me hizo recordar la actitud de la abuela desalmada contemplando las ruinas de lo que había sido su “mansión de argamasa lunar extraviada en la soledad del desierto”, producidas por el voraz incendio iniciado por un descuido de su nieta Eréndira: “Mi pobre niña —suspiró—. No te alcanzará la vida para pagarme este percance”, fue su expresión lapidaria. Aquí, la frase de los diputados ante la desmejora de sus emolumentos, parece ser: “Señor Gobernador, no le alcanzará el período para pagarnos este percance”. La diferencia entre los dos sucesos es que en el cuento de García Márquez, la tragedia tuvo efectos limitados: se cernió primero, sobre la niña prostituida, después sobre la abuela acuchillada y finalmente, sobre Ulises -el abnegado novio de Eréndira- convertido por amor, en asesino. En el Cesar, en cambio, la desgracia, -tal como le escuché a Ciro Guerra, un dirigente comunal en una emisora local-, será para 84 mil niños colegiales de bajos recursos que se ven privados de su ración alimentaria diaria, para los miles de estudiantes de las universidades públicas que se benefician de los subsidios de Fedescesar,  para los miles de habitantes de varios municipios y corregimientos que verán truncados o paralizados los sueños de construcción de colegios, centros de salud, parques, acueductos, caminos veredales, carreteras terciarias y secundarias, y otras obras de infraestructura, por la actitud irracional y mezquina de unos asambleístas que paradójicamente, dicen actuar en función de los intereses de las mismas comunidades que con su voto, les delegaron grandes responsabilidades. El cuento del “control político” no se lo creen ni ellos mismos. En una clara extralimitación de funciones quieren sustituir a los organismos de control como la Procuraduría y la Contraloría para enjuiciar y condenar al Gobernador. Ojalá que las rigurosas rendiciones de cuenta que exigen a las sectoriales se la aplicasen ellos mismos y también periódicamente hicieran un balance de su labor ante las bases que los eligieron, a ver cómo les va. De todas maneras, los líderes barriales, esos que como Ciro Guerra se sienten decepcionados por tan injustificable actitud, y las comunidades mismas, deben tomar atenta nota de un comportamiento que va en contravía de los intereses populares, y pasarles la factura en las próximas elecciones. El Gobernador, por su parte, debe saber que no está enfrentado a hermanitas de la caridad. Se trata de una clase política que no entiende de “argumento va y argumento viene”, -como dice que va a relacionarse con el Congreso adverso uno de los actuales candidatos a la Presidencia en el caso de ser elegido-, sino que está acostumbrada al lenguaje  del “contrato va y contrato viene” o de la “burocracia va y burocracia viene”. Lo cual significa simplemente, que si el ejecutivo departamental quiere salir airoso ante esa especie de espada de Damocles, la forma democrática de lograrlo es afianzándose en el único poder que es capaz de sortear con éxito el desafío de las marrullerías políticas: el poder popular.

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Columnista
14 mayo, 2010

La Duma desalmada

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Raúl Bermúdez Márquez

Por: Raúl Bermúdez Márquez Hace unos meses, cuando los medios locales de Valledupar difundieron la noticia de que el gobernador del Cesar Cristian Moreno, había demandado ante el organismo contencioso competente una Ordenanza de la Asamblea Departamental que reconocía salarios y prestaciones como si los diputados sesionaran los 12 meses del año, le hice el […]


Por: Raúl Bermúdez Márquez

Hace unos meses, cuando los medios locales de Valledupar difundieron la noticia de que el gobernador del Cesar Cristian Moreno, había demandado ante el organismo contencioso competente una Ordenanza de la Asamblea Departamental que reconocía salarios y prestaciones como si los diputados sesionaran los 12 meses del año, le hice el siguiente comentario a un amigo: “Te apuesto mil a uno que la manera expedita como se cobrarán los diputados esa decisión del gobernador, será negándole hasta última hora la autorización para contratar o firmar convenios”. El amigo, también conocedor del almendrón politiquero, no se quiso arriesgar. Y… dicho y hecho. El espectáculo deprimente al que el pueblo del Cesar asiste hoy es que, terminadas las sesiones ordinarias de la Duma, no hubo argumento alguno que convenciera a sus integrantes de la necesidad de renovar las facultades al Gobernador para que siguiera ejerciendo su labor constitucional de administrar al Cesar en condiciones normales. Caso único en Colombia que me hizo recordar la actitud de la abuela desalmada contemplando las ruinas de lo que había sido su “mansión de argamasa lunar extraviada en la soledad del desierto”, producidas por el voraz incendio iniciado por un descuido de su nieta Eréndira: “Mi pobre niña —suspiró—. No te alcanzará la vida para pagarme este percance”, fue su expresión lapidaria. Aquí, la frase de los diputados ante la desmejora de sus emolumentos, parece ser: “Señor Gobernador, no le alcanzará el período para pagarnos este percance”. La diferencia entre los dos sucesos es que en el cuento de García Márquez, la tragedia tuvo efectos limitados: se cernió primero, sobre la niña prostituida, después sobre la abuela acuchillada y finalmente, sobre Ulises -el abnegado novio de Eréndira- convertido por amor, en asesino. En el Cesar, en cambio, la desgracia, -tal como le escuché a Ciro Guerra, un dirigente comunal en una emisora local-, será para 84 mil niños colegiales de bajos recursos que se ven privados de su ración alimentaria diaria, para los miles de estudiantes de las universidades públicas que se benefician de los subsidios de Fedescesar,  para los miles de habitantes de varios municipios y corregimientos que verán truncados o paralizados los sueños de construcción de colegios, centros de salud, parques, acueductos, caminos veredales, carreteras terciarias y secundarias, y otras obras de infraestructura, por la actitud irracional y mezquina de unos asambleístas que paradójicamente, dicen actuar en función de los intereses de las mismas comunidades que con su voto, les delegaron grandes responsabilidades. El cuento del “control político” no se lo creen ni ellos mismos. En una clara extralimitación de funciones quieren sustituir a los organismos de control como la Procuraduría y la Contraloría para enjuiciar y condenar al Gobernador. Ojalá que las rigurosas rendiciones de cuenta que exigen a las sectoriales se la aplicasen ellos mismos y también periódicamente hicieran un balance de su labor ante las bases que los eligieron, a ver cómo les va. De todas maneras, los líderes barriales, esos que como Ciro Guerra se sienten decepcionados por tan injustificable actitud, y las comunidades mismas, deben tomar atenta nota de un comportamiento que va en contravía de los intereses populares, y pasarles la factura en las próximas elecciones. El Gobernador, por su parte, debe saber que no está enfrentado a hermanitas de la caridad. Se trata de una clase política que no entiende de “argumento va y argumento viene”, -como dice que va a relacionarse con el Congreso adverso uno de los actuales candidatos a la Presidencia en el caso de ser elegido-, sino que está acostumbrada al lenguaje  del “contrato va y contrato viene” o de la “burocracia va y burocracia viene”. Lo cual significa simplemente, que si el ejecutivo departamental quiere salir airoso ante esa especie de espada de Damocles, la forma democrática de lograrlo es afianzándose en el único poder que es capaz de sortear con éxito el desafío de las marrullerías políticas: el poder popular.

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