El histórico palo´e mango de la plaza Alfonso López, símbolo de la identidad vallenata y testigo de las grandes noches del Festival, tendrá en los próximos días un “chequeo médico” a fondo: una tomografía sónica para conocer el verdadero estado de su salud interna. El estudio estará a cargo del ingeniero agrícola Jairo Rosero Narváez, experto en arbolado urbano y responsable del diagnóstico de cientos de árboles patrimoniales en Cali y otros municipios del país.
El Noveno Foro del Árbol, organizado por Foros EL PILÓN y patrocinado por Drummond LTD, Corpocesar, Afinia y Valledupar Ciudad Verde será el escenario para profundizar en estos temas y mirar más allá del emblemático mango de la plaza Alfonso López: expertos explicarán por qué los árboles urbanos son patrimonio viviente, qué servicios ecosistémicos prestan —desde mitigar el calor y el cambio climático hasta mejorar la salud urbana— y cómo un buen diagnóstico, como los censos arbóreos y las evaluaciones fitosanitarias, permite tomar decisiones responsables sobre su manejo y conservación.
Un residente centenario y símbolo de la vallenatía
De acuerdo con investigaciones históricas, el palo de mango fue sembrado en la plaza Alfonso López en 1937 por el ganadero Eloy Quintero Baute, junto a un grupo de amigos que lo cuidó con abonos y riego diario hasta verlo crecer robusto. Hoy se calcula que supera los cien años de edad y alcanza cerca de dos a tres metros de grosor y unos 20 metros de altura, lo que lo convierte en un verdadero gigante verde en el corazón de Valledupar.
Durante décadas ha sido punto de encuentro para negocios, citas amorosas, tertulias y es también “termómetro político”: desde hace años se dice que una manifestación o concierto es exitoso si la multitud llega más allá del palo de mango. El árbol ha sido mencionado en canciones como “Ausencia sentimental”, ha recibido serenatas vallenatas y es considerado por muchos como un símbolo vivo de la vallenatía y del Festival de la Leyenda Vallenata.
Testigo del Festival y de la vida pública
Este emblemático árbol presenció 36 versiones del Festival de la Leyenda Vallenata, entre 1968 y 2003, y fue testigo de la coronación de decenas de reyes en la tarima Francisco el Hombre. Sus ramas han escuchado los versos de los juglares, las despedidas de los candidatos políticos y las historias cotidianas de quienes se refugian bajo su sombra en medio del calor de más de 35 grados que registra la ciudad.
Su importancia es tal que existe una “ley no escrita” en Valledupar: si un evento no logra llenar la plaza hasta el palo de mango, difícilmente quedará en la memoria como una gran noche. Por eso, hablar de la salud de este árbol no es solo un tema botánico, sino también cultural, turístico y de identidad para la capital del Cesar.
Un árbol con años y con cicatrices
En los últimos años, el estado del palo de mango ha generado debate entre ambientalistas, autoridades y ciudadanía. Corpocesar, en una evaluación de 2021, concluyó que el árbol se encontraba en “regular estado fitosanitario”, con follaje verde y turgente, pero sometido a estrés por falta de oxígeno en las raíces debido a las transformaciones físicas del entorno.
Aunque en administraciones pasadas se le aplicó abono orgánico y se hicieron controles fitosanitarios, especialistas insisten en que los árboles urbanos, cuando se intervienen mal o se les “mutila” sin un manejo adecuado, pueden desarrollar pudriciones internas y debilidades estructurales que no siempre son visibles a simple vista.
¿Quién es Jairo Rosero y qué le hará al árbol?
“Mi nombre es Rosero, yo soy ingeniero agrícola de la Universidad del Valle – Universidad Nacional, graduado desde 1998”, se presenta Jairo Rosero Narváez, especialista en Gestión Ambiental y magíster en Ciencias Ambientales, con amplia experiencia en proyectos de silvicultura urbana. Ha coordinado el censo arbóreo de Cali, liderado diagnósticos fitosanitarios de árboles patrimoniales y dirigido estudios sobre servicios ecosistémicos del arbolado urbano en varias ciudades del Valle del Cauca.
Rosero explica que el problema del arbolado urbano se repite en muchas ciudades: “Ellos nos brindan unos servicios, pero realmente nosotros lo que hacemos es darles muy duro: no les dejamos espacio, los mutilamos, los llenamos de cemento y escombros”. En plazas tropicales como la Alfonso López, con temperaturas cercanas a los 35 grados, el experto cuestiona los diseños que priorizan el pavimento y el porcelanato sobre la sombra y la vegetación: “Eso lo que hace es aumentar la temperatura; aquí debería haber más arbolitos”.
La “tomografía sónica”: un examen médico para el palo de mango
El estudio que realizará Rosero al árbol de la plaza será una tomografía sónica, una tecnología que permite “ver” lo que sucede al interior del tronco sin necesidad de hacer cortes ni daños. “Es muy parecido a lo que nos hacen a nosotros para ver si hay una fractura: se ponen sensores alrededor del árbol y, a partir de ese estudio, identificamos si por dentro está hueco o tiene alguna pudrición”, explica el ingeniero.
Aunque existen opiniones diversas sobre la edad exacta, Rosero considera que el mango podría superar los 100 años, tomando como referencia el diámetro del tronco y la historia de la propia plaza. “La tasa de crecimiento promedio de un árbol de estos es de alrededor de un centímetro de diámetro por año; por lo que se ve, este podría tener más de un siglo”, señala, recordando que en el departamento de Sucre ha llegado a conocer mangos de hasta 300 años de edad.
Un foro para discutir la salud del palo´e mango
Este dato refuerza la idea de que el palo de mango no solo es un árbol viejo, sino un verdadero patrimonio viviente que ha acompañado varias generaciones de vallenatos. Conocer su estado de salud no es solo una curiosidad científica: es clave para tomar decisiones responsables sobre su manejo, evitar riesgos para quienes se reúnen bajo su copa y garantizar que siga dando sombra, historias y frutos por muchos años más.
El equipo de Jairo Rosero explicará en el Noveno Foro del Árbol cómo funciona la tomografía sónica y por qué los censos arbóreos y los diagnósticos fitosanitarios son claves para gestionar el patrimonio natural de las ciudades. El encuentro se realizará el 17 de marzo, a las 9:00 a.m., en el salón Yui del Hotel Sicarare, en Valledupar.







