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Ezequiel, el samario que murió entre hormigas y olvido en Valledupar

Llegó a Valledupar a pintar casas, terminó pidiendo en la calle y murió en un hospital después de un mes de lucha sostenida por donaciones. La historia de Ezequiel revela lo que las políticas para adultos mayores no están alcanzando a cubrir.

Un adulto mayor en situación de calle descansa, integrado al paisaje urbano, mientras la ciudad sigue de largo sin mirarlo. Foto: Said Armenta.

Un adulto mayor en situación de calle descansa, integrado al paisaje urbano, mientras la ciudad sigue de largo sin mirarlo. Foto: Said Armenta.

Por: Katlin

@el_pilon

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Ezequiel Segundo Torres Plata murió a los 86 años en el Hospital Rosario Pumarejo de López, pero su historia, como la de muchos adultos mayores en situación de calle en Valledupar, empezó mucho antes del olor a desamparo.​ “A muchos les dan miedo las personas sin hogar desde la otredad. A mí me lo dan desde la empatía. Porque me veo en ellas, porque tengo la certeza de que solo hay un puñado de malas decisiones que nos separan de una vida en la calle… La intemperie te vuelve loco, te roe los huesos y te aísla del mundo… No tienen ninguna casa en la que entrar, así que es un lugar del que no pueden salir”. Con esa certeza del columnista Enrique Alpañés, Ezequiel termina de encajar en el mapa de los invisibles.

La nueva política pública de envejecimiento humano y vejez proyecta 53 acciones afirmativas y una inversión cercana a 16.563 millones de pesos en 10 años, de los cuales el 90% depende de la estampilla del adulto mayor, tampoco menciona a la población en situación de calle.

Lo que dicen los números en Valledupar

En Valledupar, las autoridades presumen diagnósticos y políticas para cerca de 50.000 adultos mayores, “con barreras en salud, protección social y acceso a ingresos, persistencia de discriminación y abandono familiar”. Sobre el papel, las mesas de consulta hablan de “deficiente apoyo al adulto mayor, débil control en salud, falta de ingresos y abandono en redes hospitalarias”, aseguró José Gregorio Zuleta, jefe de la oficina de Gestión Social de Valledupar, en la sesión del Concejo Municipal el pasado 11 de marzo. Pero Ezequiel, que terminó tirado en una calle de Jalala mientras las hormigas se le pegaban a las heridas de los pies, no alcanzó a ser una cifra; llegó cuando ya era, literalmente, demasiado tarde.​

El viejo de Santa Marta que “no se pudo mantener”

“Él siempre dijo, siempre se sostuvo en lo mismo, que era de Santa Marta… que se vino para acá a pintar casas hace mucho tiempo”, recuerda Paola Margarita Amado, quien hace dos años y medio trabaja con habitantes de calle. De Ezequiel sabían poco: que alguna vez vendió dulces en el centro, que llegó con un tío, que montó una caseta de tinto y dulces sin mucha formalidad. Lo que sí les quedaba claro era el motivo de su caída: “Fue una persona que no se pudo mantener ya por su edad, que no podía trabajar y, por su enfermedad, no podía trabajar para mantenerse en un lugar seguro. Entonces, por eso terminó en la calle pidiendo”.​

En el universo de los habitantes de calle que atiende Paola y Juan, de huella_solidariavpar, “es raro, es raro el que no es consumidor… la mayoría, para sobrevivir al hambre, optan por consumir”. Ezequiel era de los pocos distintos: “El señor Ezequiel no era drogadicto, eso sí exactamente… se le veía el aspecto que no”. No tenía familia conocida, ni cédula a la mano; sólo su nombre completo y una memoria obstinada: “Una vez una cuidadora le dijo: ‘Pero usted es aquí vallenato’. ‘Ni Dios lo quiera’, soy de Santa Marta”.​

Mientras el Concejo discute una política pública de envejecimiento humano y vejez “para garantizar derechos y servicios con visión de largo plazo”, uno de los problemas que más se repite en las mesas es “el abandono familiar” y la “alta vulnerabilidad socioeconómica” de los mayores. Ezequiel encarnaba ese diagnóstico sin haber sido consultado jamás.​

Dos días en el andén, un mes en agonía

La llamada llegó como tantas otras al teléfono de Paola: “Mira, aquí está este señor, está muy mal, yo pienso a veces que es que ya se ha muerto porque no respira”. Estaba en el remate de la calle que llaman Jalala, apoyado a un costado, rodeado de locales comerciales a ambos lados. “Nos dijeron que él tenía dos días de estar ahí tirado… y que nadie había hecho nada”.​

Cuando lo levantaron, el olor era “horrible, horrible, el olor de popó y orín de muchos días”. Las hormigas se pegaban a las heridas de los pies: “Eso fue lo más impresionante cuando llegamos… ver las hormigas pegadas en las heridas de los pies… eran de tanto caminar, de la deshidratación”. Lo bañaron durante varios días en una pequeña IPS, con enfermeras que se metieron al baño a ayudar, hasta que al quitarle la ropa apareció una hernia “del tamaño de una botella de litro”.​

Ezequiel, un adulto mayor permanece tendido en el suelo, tras dos días a la intemperie en una calle de Valledupar, mientras las hormigas invaden sus piernas heridas bajo la mirada indiferente de quienes pasan cerca. Foto: Cortesía.

Ezequiel, un adulto mayor permanece tendido en el suelo, tras dos días a la intemperie en una calle de Valledupar, mientras las hormigas invaden sus piernas heridas bajo la mirada indiferente de quienes pasan cerca. Foto: Cortesía.

Ezequiel, un adulto mayor permanece tendido en el suelo, tras dos días a la intemperie en una calle de Valledupar, mientras las hormigas invaden sus piernas heridas bajo la mirada indiferente de quienes pasan cerca. Foto: Cortesía.

El programa de transferencias monetarias para mayores pasó de 9.700 beneficiarios en 2023 a más de 24.000 adultos mayores atendidos a la fecha, a través de Prosperidad Social, no contempla a la población sin hogar.

Lo que dicen los números en Valledupar

En el Hospital Rosario Pumarejo de López, donde Ezequiel entró tarde a un sistema ya saturado, la Secretaría Local de Salud reporta que en 2025 solo realizó seguimiento a 15 casos de habitantes de calle en toda la red de servicios del municipio: uno retornado a su ciudad de origen, tres ingresados a procesos de rehabilitación y once con acompañamiento para restablecer sus derechos en salud.

Ezequiel pasó de observación a reanimación y de nuevo a un cubículo, siempre al borde de la muerte. “A los 4 o 5 días no le habían revisado de la hernia… no le habían hecho un examen físico… hasta que ese día tocó ponernos bravos y ahí sí lo revisaron”. El cirujano decidió que no podían operarlo: demasiada edad, demasiado deterioro.

Mientras tanto, la afiliación a una EPS subsidiada llegó tarde: “Estando en el hospital es que le hacen la afiliación a MiSalud… desde ahí estuvimos esperando un cateterismo que nunca llegó… nunca llegó la autorización, ni que lo recibieran en UCI, porque necesitaba UCI”. El propio modelo territorial de atención diferencial que la Alcaldía dice haber adoptado para personas habitantes de calle, con énfasis en “afiliación de oficio, gestión del riesgo y salud mental”, parecía escrito para otros.

El costo de cuidar a alguien que el sistema ya dio por perdido

En teoría, la red pública y las EPS deben garantizar atención integral y humanizada. En la práctica, la carga recayó sobre manos voluntarias. “Se supone que por la edad la persona siempre tiene que estar acompañada”, explica Paola. Organizaron turnos de cuidadoras: “El gasto solamente de cuidadora era de 120.000 diarios para la que dormía y para la que estaba en el día, además de la comida, pañales, pañitos húmedos, cremas antipañalitis, Ensure”.

En Valledupar hay “casi 50.000 adultos mayores”, con barreras en salud, protección social y acceso a ingresos, y un abandono familiar que “va liderando mucho el tema en el municipio”.​

Lo que dicen los números en Valledupar

Dentro del hospital, las cuidadoras peleaban para que lo revisaran, para que cambiaran la sonda ya vencida, para que no lo sacaran de reanimación con el argumento de que “ya está en las últimas”. “Siempre dijeron eso, que no le vamos a hacer nada porque es que él ya está en las últimas, pero duró casi un mes en las últimas… se podían haber hecho muchas cosas”.​

Paradójicamente, mientras la política pública local promete “implementar procesos de atención con prioridad en adultos mayores en condición de vulnerabilidad por abandono y situación de calle”, la misma experiencia de Ezequiel revela que el acompañamiento efectivo, la alimentación, el aseo, la vigilancia del oxígeno y del catéter se sostuvieron con donaciones y colectas que “muchas veces fueron insuficientes”. El municipio, que destinó más de 59 millones en 2026 para jornadas y mesas sobre habitantes de calle, no reportó un solo caso de persona en calle atendida con recursos funerarios en 2025.

Un velorio de desconocidos y una canción conocida

“Es un buen tipo mi viejo / que anda solo y esperando…”. En el cementerio viejo, alguien recordó la canción de Piero mientras el sol hacía su parte con los cuerpos. Ezequiel, el viejo que no quería ser llamado vallenato, entró al camposanto de Valledupar como tantos otros, en un ataúd de pobre de solemnidad y la sepultura contratada por el municipio para NN y personas sin recursos.

En la funeraria Recordar, una docena de desconocidos se reunió a consolarse por la partida de un hombre que podría ser su padre o su abuelo. “A él lo encontraron en el callejón de la esquina… Alfonso López, ¿qué pasó?… Él caminaba normal”, se repetían, tratando de reconstruir los últimos días en la cuadra. Otro recordaba que en Facebook alguien escribió que lo habían intentado ayudar “pero que era muy grosero… ¿qué le van a exigir educación y comportamiento a alguien en esa condición?”.​

En el cementerio viejo de Valledupar, el ataúd de Ezequiel se cierra mientras familiares simbólicos tararean “Mi viejo”, de Piero, como último homenaje al abuelo que la ciudad conoció demasiado tarde. Foto: EL PILÓN.

En el cementerio viejo de Valledupar, el ataúd de Ezequiel se cierra mientras familiares simbólicos tararean “Mi viejo”, de Piero, como último homenaje al abuelo que la ciudad conoció demasiado tarde. Foto: EL PILÓN.

Entre los asistentes circulaba un video grabado en el hospital: una cuidadora lo regaña con cariño porque se quita el oxígeno, él le manda un beso a la cámara. “Yo peleo contigo cuando te quitas el oxígeno porque es que eso es por tu bien. Porque yo te adoro. ¿Tú me quieres? Muchísimo… Yo también te quiero muchísimo, por eso te cuido tanto”. Ese vínculo frágil, construido en apenas unas semanas, sustituyó a una familia que nunca apareció.​

Casos de éxito en atención a adultos mayores

El caso de María Contreras, en Cartagena, muestra cómo debería funcionar una ruta de protección oportuna: tras la denuncia de los vecinos del barrio La María, la administración activó de inmediato el protocolo, verificó la situación de abandono y, con su consentimiento, gestionó su traslado a un hogar geriátrico donde hoy recibe atención integral, acompañamiento permanente y un entorno seguro para vivir esta etapa con dignidad. 

Afuera, en Valledupar, las cifras oficiales hablan de 24.000 adultos mayores que reciben una transferencia monetaria, comedores ampliados y ayudas técnicas financiadas con la estampilla del adulto mayor, con la advertencia de algunos concejales del peligro del subregistro en el censo; adentro, el cuerpo de Ezequiel descansaba sin la gracia de un contrato de 550 millones para ataúdes que en 2025 no reportó un solo caso de habitante de calle, aunque la ciudad sabe que ellos existen y mueren en sus andenes.

Lo que cambie después de su muerte dependerá de si la ciudad decide ver en él, como decía Alpañés, no a un otro peligroso, sino a un futuro posible: “solo un puñado de malas decisiones nos separan de una vida en la calle”. 

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