DOS PUNTOS
Por: Germán Piedrahíta R.
Con los versos del licenciado José Atuesta, la biblioteca departamental entregó al público dos buenos textos literarios, uno la “Antología del Premio Departamental de Poesía” y el otro, la novela ganadora “En el Noroeste de las Cosas” de Alberto Peñaranda Zequeda.
Poetas conocidos como Pedro Olivella, Ulises Ospina, Gustavo Maceas, al lado de nacientes bardos como Ariana Molina, Eguis Palma, Andrés Leal y Jorge Guerra.
Versos como “El temblor de la tarde golpea la conciencia/ es el beso de la entrega del galileo/ el que hace el aire irrespirable/ Judas sabe que hasta la altura de la rama/ podrá llegar su alma sin perdón” de Ospina.
“El mundo no tenía colores porque todo era canto/ el mundo era un murmullo de voces y poesía/ el mundo era un ciego tocando la dulzaina” de Olivella.
Buenos poemas que dejan ver lectura de los autores y el trabajo de los talleres a los que asisten, o que imparten, sin embargo, me inquieta la cortedad de los escritos y la aparición de palabras queriendo ser poemas, como “No son las hormigas/ son las verdes hojas/ las que mueven el camino” o “Dios/ y acordeón”, o “Anoche nadé/ otra vez/ en el río del amor/ y viví/ el único ahogo feliz” o “Todavía los ojos gritan/ los muertos en el silencio”, sí, aparecen como poemas y en lo anterior hay cuatro.
Filosofar es bueno, puede ser bello, pero ¿todo pensamiento pasará a ser poema en la “nueva” poética? Siendo así, cualquier charla de vecinos terminará por ser un poemario. Las hojas caen/ al paso de la sonrisa/ de las mariposas. – La Sierra se derrite/ por el pecado de los hombres -. La voz enmudece/ ante la parquedad del pensamiento.- ¿Para una antología?






