26 marzo, 2011

Índice de Ibrahim y sociedad del Caribe

Por: ANTONIO HERNANDEZ GAMARRA1 En la edición del 7 de marzo pasado, la revista The New Yorker le dedicó un extenso artículo a la vida y obra de Mohamed Ibrahim el multimillonario sudanés quien, luego de una exitosa carrera empresarial en el mundo de las telecomunicaciones, creó una Fundación con el propósito principal de medir […]

Por: ANTONIO HERNANDEZ GAMARRA1
En la edición del 7 de marzo pasado, la revista The New Yorker le dedicó un extenso artículo a la vida y obra de Mohamed Ibrahim el multimillonario sudanés quien, luego de una exitosa carrera empresarial en el mundo de las telecomunicaciones, creó una Fundación con el propósito principal de medir y difundir la calidad de los servicios que los gobernantes de los distintos países africanos le prestan a sus ciudadanos.
Para ese fin, se diseñó un índice que evalúa la gobernanza a partir de los siguientes cuatro factores: seguridad y respeto por la ley; participación ciudadana y derechos humanos; oportunidades económicas sostenibles; y desarrollo humano.
El primero de esos factores incluye 24 indicadores entres los que se encuentran los delitos violentos, el tráfico de personas, la persecución política, la fortaleza e independencia de la justicia, el respeto a los derechos de propiedad, la rendición de cuentas, la transparencia, la corrupción, el conflicto armado interno, el desplazamiento forzado y la forma de transferir el poder por parte de los gobernantes.
Para medir el grado en que se da la participación ciudadana y el respeto por los derechos humanos, el índice incluye 18 indicadores tales como el nivel de autodeterminación de las personas a la hora de participar en los procesos electorales, la pureza del sufragio, los derechos políticos y civiles, la libertad de expresión y asociación, y la igualdad de género.
Treinta indicadores miden las oportunidades económicas sostenibles entre los cuales sobresalen la medición de variables macroeconómicas –déficit fiscal, deuda pública, inflación, uso del efectivo, fortaleza de las reservas internacionales–, el ambiente competitivo, el clima de inversión, el acceso al crédito, la calidad de la infraestructura, el acceso a servicios públicos, y el papel que juegan las consideraciones medio ambientales en la formulación de políticas públicas.
Para medir la calidad del desarrollo humano el índice toma en consideración 12 indicadores relacionados con pobreza y salud –mortalidad infantil, vacunación, incidencia del SIDA y la tuberculosis, niveles de exclusión social–, y con el acceso y la calidad de la educación.
Pese a algunas críticas, la academia reconoce la fortaleza técnica y la amplia cobertura del Índice Ibrahim para dar cuenta del desempeño de los gobiernos en África, puesto que  toma en cuenta  las acciones más importantes que inciden en el bienestar de la población. Pero más allá de consideraciones técnicas sobre el contenido del índice, lo que es notorio es la existencia de un sector privado preocupado por la calidad de los gobiernos que además, en el caso de la Fundación Mo Ibrahim, premia  con una suma sustancial  a los buenos gobernantes al término de su mandato con el propósito expreso de reducir las tentaciones  de corrupción.
Qué bueno sería que aquí en el Caribe surgieran empresarios altruistas que entendieran que lo público va más allá del ejercicio gubernamental, y lo privado más allá de la ganancia, y que por lo tanto tendieran puentes para mejorar la calidad de la gerencia pública en nuestra región, de manera similar a como lo hace la Fundación Mo Ibrahim. Si esa voluntad existiera se podría utilizar la capacidad académica de nuestros centros de pensamiento, y de las universidades públicas y privadas de la región, para medir con objetividad cómo se nos gobierna. Información que nos sería muy útil a la hora de evaluar a los gobernantes y de escoger sus sucesores.

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