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Columnista - 10 mayo, 2010

Grecia: Ahora la tragedia es económica

Por: Imelda Daza Cotes La situación económica de Grecia alarma a Europa y ocupa titulares de la prensa mundial. Este país ingresó a la UE en 2001.  No cumplía con los requisitos exigidos, pero los gobiernos helenos no vacilaron en falsear las cifras ayudados por el banco Goldman Sachs que “convirtió” en divisas la abultada […]

Por: Imelda Daza Cotes

La situación económica de Grecia alarma a Europa y ocupa titulares de la prensa mundial. Este país ingresó a la UE en 2001.  No cumplía con los requisitos exigidos, pero los gobiernos helenos no vacilaron en falsear las cifras ayudados por el banco Goldman Sachs que “convirtió” en divisas la abultada deuda griega. El fraude estadístico también sombreó el déficit público que era del 12.7% y no del 3.7% como se dijo.
Pero aunque el ingreso a la zona euro supuso ventajas como subsidios, tasas de interés bajas, obras de infraestructura, la contraparte fue la invasión de productos de los demás países miembros de la UE,  en detrimento de los productores griegos que no estaban preparados para competir. Además, buena parte de esas importaciones se pagaban con más créditos, sobre todo de la banca alemana. La deuda pública siguió creciendo. El gobierno conservador de entonces prefirió esto a la reforma fiscal que aumentara los impuestos a los mayores ingresos, redujera la evasión que era escandalosa y mermara el déficit.  Ante la precariedad económica, los capitales empezaron a fugarse, mientras el 30% de la economía seguía siendo sumergida.
Los partidos políticos clientelistas convirtieron el aparato estatal en el gran empleador, el gasto público se desbordó y la corrupción se disparó.
En octubre de 2009 hay elecciones generales y ganan los socialdemócratas. La economía es la gran preocupación. La deuda pública supera al PIB. Los socialdemócratas habían prometido empleo, mejoras salariales y de pensiones. También se habían comprometido con una reforma fiscal, los ricos pagarían más y la iglesia, el gran evasor  y uno de los mayores propietarios, pagaría  impuestos. La corrupción se combatiría.
Los días pasan y nada de esto se hace. Los socialdemócratas, convertidos en los nuevos actores  de otra tragedia griega,  son sorprendidos por  la verdad del déficit  público que es 3 veces mayor -12.7% del PIB- de lo que  había dicho el gobierno conservador. Es decir, se encuentran  con la trampa y ahora no pueden gobernar ni cumplir las promesas electorales.
La Unión Europea y el FMI se apresuran a elaborar recetas salvadoras y las agencias financieras reducen la calificación de solvencia de las finanzas griegas.  Con esta campaña mediática, la imagen de la economía griega se desacredita todos los días. Cunde el pesimismo. En la zona euro, Grecia no tiene control monetario propio. No puede devaluar para promover las exportaciones e incentivar la economía. La unión monetaria limita la adopción de medidas de política fiscal y monetaria. Por eso el precio de la crisis se descarga sobre el mercado de trabajo. Los ajustes se aplican en contra de los trabajadores a través de las consabidas reformas que recomiendan los neoliberales: Flexibilización, contención salarial, trabajo temporal y de tiempo parcial, eliminación de prestaciones y disminución de pensiones. Así han venido manejando los países europeos la crisis, a costa de los trabajadores. Es decir, los europeos no priorizan las mejoras en la tecnología, ni  el uso intensivo de bienes de capital. No, lo más fácil es reducir la remuneración al trabajo y recortar  el gasto social.
En los primeros días de mayo se conoció el plan que la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI habían acordado. Grecia recibirá 110.000 millones de euros de la UE y el FMI en forma de créditos blandos. A cambio,  el país tendrá que acometer un plan “draconiano” para ajustar sus cuentas: Subirá los impuestos, el IVA, reducirá los gastos, rebajará los salarios públicos y las pensiones, eliminará el pago de extras y privatizará más. Ni una medida contra la corrupción. Todas las propuestas son impopulares y muchas parecen inviables. Es un plan doloroso para los electores y muy exigente para la economía. Parece que el plan de ajuste a Grecia pretende sobre todo  “ajustar” a los manifestantes más combativos de Europa. El primer ministro Papandreau ha dicho que la crisis atenta contra la soberanía nacional y contra la estabilidad. Dijo también que “la amenaza de la especulación y los mal regulados mercados financieros no son una amenaza para Grecia sino para toda la economía mundial”.
La revuelta social que rechaza los planes del gobierno no se hizo esperar. Que Grecia es un país europeo en los precios pero balcánico en los ingresos, gritan algunos. Las movilizaciones son multitudinarias, densas,  nutridas en consignas y sorprenden por su radicalidad. Los días pasan y las protestas no ceden.
Mientras  esto ocurre, Irlanda, Portugal, España y hasta Italia ponen sus barbas en remojo.

Columnista
10 mayo, 2010

Grecia: Ahora la tragedia es económica

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Imelda Daza Cotes

Por: Imelda Daza Cotes La situación económica de Grecia alarma a Europa y ocupa titulares de la prensa mundial. Este país ingresó a la UE en 2001.  No cumplía con los requisitos exigidos, pero los gobiernos helenos no vacilaron en falsear las cifras ayudados por el banco Goldman Sachs que “convirtió” en divisas la abultada […]


Por: Imelda Daza Cotes

La situación económica de Grecia alarma a Europa y ocupa titulares de la prensa mundial. Este país ingresó a la UE en 2001.  No cumplía con los requisitos exigidos, pero los gobiernos helenos no vacilaron en falsear las cifras ayudados por el banco Goldman Sachs que “convirtió” en divisas la abultada deuda griega. El fraude estadístico también sombreó el déficit público que era del 12.7% y no del 3.7% como se dijo.
Pero aunque el ingreso a la zona euro supuso ventajas como subsidios, tasas de interés bajas, obras de infraestructura, la contraparte fue la invasión de productos de los demás países miembros de la UE,  en detrimento de los productores griegos que no estaban preparados para competir. Además, buena parte de esas importaciones se pagaban con más créditos, sobre todo de la banca alemana. La deuda pública siguió creciendo. El gobierno conservador de entonces prefirió esto a la reforma fiscal que aumentara los impuestos a los mayores ingresos, redujera la evasión que era escandalosa y mermara el déficit.  Ante la precariedad económica, los capitales empezaron a fugarse, mientras el 30% de la economía seguía siendo sumergida.
Los partidos políticos clientelistas convirtieron el aparato estatal en el gran empleador, el gasto público se desbordó y la corrupción se disparó.
En octubre de 2009 hay elecciones generales y ganan los socialdemócratas. La economía es la gran preocupación. La deuda pública supera al PIB. Los socialdemócratas habían prometido empleo, mejoras salariales y de pensiones. También se habían comprometido con una reforma fiscal, los ricos pagarían más y la iglesia, el gran evasor  y uno de los mayores propietarios, pagaría  impuestos. La corrupción se combatiría.
Los días pasan y nada de esto se hace. Los socialdemócratas, convertidos en los nuevos actores  de otra tragedia griega,  son sorprendidos por  la verdad del déficit  público que es 3 veces mayor -12.7% del PIB- de lo que  había dicho el gobierno conservador. Es decir, se encuentran  con la trampa y ahora no pueden gobernar ni cumplir las promesas electorales.
La Unión Europea y el FMI se apresuran a elaborar recetas salvadoras y las agencias financieras reducen la calificación de solvencia de las finanzas griegas.  Con esta campaña mediática, la imagen de la economía griega se desacredita todos los días. Cunde el pesimismo. En la zona euro, Grecia no tiene control monetario propio. No puede devaluar para promover las exportaciones e incentivar la economía. La unión monetaria limita la adopción de medidas de política fiscal y monetaria. Por eso el precio de la crisis se descarga sobre el mercado de trabajo. Los ajustes se aplican en contra de los trabajadores a través de las consabidas reformas que recomiendan los neoliberales: Flexibilización, contención salarial, trabajo temporal y de tiempo parcial, eliminación de prestaciones y disminución de pensiones. Así han venido manejando los países europeos la crisis, a costa de los trabajadores. Es decir, los europeos no priorizan las mejoras en la tecnología, ni  el uso intensivo de bienes de capital. No, lo más fácil es reducir la remuneración al trabajo y recortar  el gasto social.
En los primeros días de mayo se conoció el plan que la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI habían acordado. Grecia recibirá 110.000 millones de euros de la UE y el FMI en forma de créditos blandos. A cambio,  el país tendrá que acometer un plan “draconiano” para ajustar sus cuentas: Subirá los impuestos, el IVA, reducirá los gastos, rebajará los salarios públicos y las pensiones, eliminará el pago de extras y privatizará más. Ni una medida contra la corrupción. Todas las propuestas son impopulares y muchas parecen inviables. Es un plan doloroso para los electores y muy exigente para la economía. Parece que el plan de ajuste a Grecia pretende sobre todo  “ajustar” a los manifestantes más combativos de Europa. El primer ministro Papandreau ha dicho que la crisis atenta contra la soberanía nacional y contra la estabilidad. Dijo también que “la amenaza de la especulación y los mal regulados mercados financieros no son una amenaza para Grecia sino para toda la economía mundial”.
La revuelta social que rechaza los planes del gobierno no se hizo esperar. Que Grecia es un país europeo en los precios pero balcánico en los ingresos, gritan algunos. Las movilizaciones son multitudinarias, densas,  nutridas en consignas y sorprenden por su radicalidad. Los días pasan y las protestas no ceden.
Mientras  esto ocurre, Irlanda, Portugal, España y hasta Italia ponen sus barbas en remojo.