Los Canales en La Paz hacen parte del núcleo de esas familias trabajadoras, productivas, mansas, de buenas costumbres, buenos amigos, que embellecen la tradición de los nacidos en la antigua provincia de Valledupar. De ellos, don Pedro Canales construyó en La Paz su hogar con Esther Mieles, y Dios los premió con Esteban, Miguel, Marcelo y Teobaldo, todos igualmente laboriosos, buenos amigos; tanto que Miguel inspiró a Rafael Escalona para que compusiera el famoso paseo “Miguel Canales”. Buenos, cordiales, nunca se les conoció enemigos, dedicaron su vida a laborar la tierra y al manejo de ganaderías que se destacaron por su muy buena calidad. Fueron dueños de las fincas La Montaña y El Salto, arriba de San Diego, a orillas del río Chiriaimo.
Lo único que los molestaba, y mucho, en la finca El Salto, era el tigre, que muy atrevido llegaba hasta las casas y de los corrales sacaba los terneros, los perros y hasta los cerdos.
Ante esa situación desesperada, resolvieron viajar a Valledupar, donde su amigo Pepe Castro, para conseguir dos escopetas calibre doce en el batallón La Popa.
Pero no contentos, supieron que en Guacoche estaban vendiendo un fiero perro tigrero llamado El Escupe, del que aseguraban que no había tigre que se le escapara.
Temprano salieron con sus escopetas engrasaditas y El Escupe para El Salto. Pero al escuchar al tigre, el supuesto perro tigrero se metió debajo de una troja, temblando de miedo.
Al día siguiente, cuando salieron a enfrentarlo, el tigre les roncó de cerca y ellos, por instinto, subieron a un palo de macurutú, dejando caer las escopetas. El pobre El Escupe terminó metiéndose donde estaba el tigre, y solo se escuchó su grito: “¡Ay mi mamá!”.
Más tarde, al regresar asustados, uno de los hermanos disparó sin apuntar. Al día siguiente descubrieron que el tigre había muerto de un tiro en la frente.
El Escupe, por su parte, apareció después, apenado pero con hambre.
Por Pedro Castro / El cuento de Pepe – 100 años







