Como si el lunes festivo 7 de enero no lo hubieran visitado casi mil personas, el balneario Hurtado amaneció este martes aseado y limpio. Más allá de las pocas hojas amarillas de verano, era difícil encontrar mugre o basura. Antes de que llegara el primer turista y el sol indicara el día, los vendedores estacionarios del balneario caminaron cada rincón, tanto la margen izquierda como derecha del río, limpiando junto a los trabajadores del Aseo del Norte.
La temporada de vacaciones de fin de año empieza en noviembre con las fiestas del río y terminan a mitad de enero. En esta última semana todos los días son fines de semana. El río no descansa, y los vendedores tampoco.
Son varios años de cambios, en casos, cambios obligados, incluso con enfrentamientos, para llegar a lo que es hoy el balneario; vendedores organizados bajo la sombra de árboles lejos de las desordenadas carpas, capacitados en la atención a personas, oferta de productos variada, nula contaminación auditiva, todo sumado a particularidades y ventajas innatas a la zona donde corre el agua cristalina que a poetas y cantantes ha inspirado.










