Como arrancado de la página de un libro costumbrista y folclórico, el anochecer parecía moldeado para lo que iba a suceder. Poco a poco el olor colonial que tienen los callejones del viejo Valledupar se mezcló con los visitantes y se dio las manos con la danza, la música y la poesía; juntos estuvieron a cargo del cierre del Mes del Patrimonio, organizado por la Fundación Amigos del Viejo Valledupar, Aviva.
Como sucede pocas veces en el año, el silencio que siempre está presente en los antiguos callejones, fue exiliado por el sonido alegre y bullanguero de las tamboras que acompañaron las danzas.
Lo dicho, sin olvidar que el acordeón, la caja y la guacharaca, también hicieron lo suyo y decoraron con vallenatos una noche que ya tenía sabor a magia.






