Después de más de tres años de silencio contable, Nueva EPS entregó por fin a la Superintendencia Nacional de Salud sus estados financieros comparativos de 2023 y 2024, y el retrato es devastador: una aseguradora con pérdidas de varios billones de pesos, patrimonio profundamente en rojo y unos pasivos que desbordan con creces el valor de sus activos, luego de reexpresar las cifras de 2023 para incluir obligaciones y facturas que nunca se habían registrado a tiempo. En otras palabras, la “depuración” no despeja dudas, sino que confirma que la EPS opera desde hace años en una especie de quiebra técnica, con costos de atención sistemáticamente por encima de los ingresos y una contabilidad que apenas ahora empieza a mostrar la verdadera dimensión de la crisis.
La representante nacional de los usuarios de Nueva EPS, Esperanza Arias, asegura que la publicación de los estados financieros no es una noticia técnica más, sino el retrato de una emergencia que se siente con crudeza en la región Caribe, y particularmente en Cesar y La Guajira. “Esta es la peor crisis que hemos vivido en la historia del sistema de salud. Los números que hoy muestran las cuentas de Nueva EPS significan, en la práctica, que hay pacientes sin medicamentos, sin tratamientos y sin garantías básicas para su vida”, afirmó Arias al ser consultada por EL PILÓN.
La vocera insiste en que las pérdidas y deudas billonarias que hoy se conocen “no son una cifra fría, son el diagnóstico de por qué los usuarios llevan meses peregrinando entre sedes cerradas, pasillos llenos y citas que nunca llegan”. “Nos están tratando como objetos, no como personas con derechos. Cada día está peor”, advirtió.






