"En 1962, un grupo de jóvenes locutores barranquilleros fuimos contratados para trabajar en Radio Guatapurí, la mítica emisora vallenata, que acababa de fundarse.
"El Valle", que aún pertenecía al departamento del Magdalena, no pasaba de los cincuenta mil habitantes pero era un pueblo en ebullición, como esos que salían en las películas del oeste, que atraían a gentes de ley y aventureros y donde, como le oí decir a Kirk Douglas en un western, no había una sola casa de tres pisos desde donde alguien, cansado de la vida, pudiera arrojarse al vacío.
Valledupar era un lugar recoleto y caluroso, rodeado de dehesas y algodonales, que se desperezaba del otro lado de la Sierra Nevada. Todavía no era el gran emporio del vallenato que llegó a ser, porque esa "música para gente baja", como decían las jovencitas de dedo parado que festejaban su puesta de largo en el Club Valledupar, no era de buen recibo.






