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Los rastros del alias ‘Tigre’

* Con el fin de conseguir tierras y aumentar sus arcas, John Esquivel Cuadrado, alias ‘El Tigre’ y otros jefes paramilitares, “desgarraron” al departamento del Cesar.

Los rastros del alias ‘Tigre’

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* Con el fin de conseguir tierras y aumentar sus arcas, John Esquivel Cuadrado, alias ‘El Tigre’ y otros jefes paramilitares, “desgarraron” al departamento del Cesar.
 
La violencia que vivió el departamento del Cesar a causa de los grupos armados ilegales, representó, según se ve en los casos presentados ante el Programa de Restitución de Tierras y  la Unidad local de Reparación de Victimas, una disputa de territorio entre la guerrilla y los paramilitares. Según el sumario, denunciado en esta región, era evidencia de que los dos cabecillas usaban como medidor de poder el impacto sangriento que generaban frente a la población civil.
 
“Si esa tierra no tiene esas minas, a nosotros no se nos hubiese hecho lo que nos hicieron”, dice *Isabel López, víctima del desplazamiento que se trasladó a Bosconia, Cesar. En ese lugar vive desde 2004 huyendo de su vereda Mechoacán, en la Jagua de Ibirico. Para ella la disputa de los territorios era por las minas de carbón que aparecían en la zona. “Ellos querían quitarnos todo y así lo hicieron… con muertos con amenazas, con terror”.

En esta siembra de terror, toman importancia personajes de perfil sangriento, como Salvatore Mancuso y John Esquivel Cuadrado, alias ‘El Tigre’, ex jefes de las Autodefensas, quienes por dar un ejemplo, fueron condenados a 16 años y siete meses de prisión por la masacre de La Victoria de San Isidro, en el Cesar.
   
Los Departamentos de Magdalena, Bolívar, Cesar, Córdoba, Sucre y La Guajira; enfrentaron el horror de los grupos paramilitares. A su vez las Farc también arremetían contra la población civil por el temor que generaban las Auc. Muchas de las masacres, desapariciones y desplazamientos forzosos en la actualidad están impunes pero, según explicaban voceros de la unidad de restitución.
 
“En 1990, por la falta de tierra y de oportunidades, nos juntamos con varios compañeros para invadir la hacienda Michoacán en La Jagua“, dijo  *Isabel López,  victima del desplazamiento. Después de varios años de ocupación, el 3 de agosto de 1994 el Incora adquirió las 4 mil 700 hectáreas de Mechoacán por 716 millones de pesos, que repartió entre 133 familias de campesinos sin tierra.

Para la Unidad local de Reparación de Victimas, después de sobrevivir meses en la escuela La Victoria de San Isidro, un corregimiento de La Jagua, la tragedia de estos colonos se volvió  un símbolo y la Gobernación del Cesar y el Incora los reubicaron en varios predios de la región.

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