Juan Camilo a sus 12 años, ya era un ferviente consumidor de bóxer; su desayuno era una inhalación del pegante, las mañanas en el semáforo hacía malabares por 100 pesos, el almuerzo pan con coca cola; la siesta a cualquier hora, las tardes eran la misma rutina. La escuela se la arrebataron sus “amigos” y, a los 13 años, era parte de un grupo de niños en condición de calle, que ninguna entidad había podido recuperar.
La cifra es desconocida, pero la administración municipal, sin desconocer una situación alarmante, identificó a más de 15 menores que viven desde hace varios años, en condición de calle; lo que significa, consumo de alucinógenos, trabajo en la informalidad, contacto con la explotación sexual y con la mendicidad; a ellos se les comenzó a realizar un seguimiento para poder iniciar, algún día, un restablecimiento de sus derechos.
La Fundación para el Desarrollo de la Infancia, la Adolescencia y la Juventud, Fundinaj, aseguró haber identificado a más de 28 niños en esa condición en el año 2012. Esa lista coincidía con la de la Alcaldía y aportaba datos de otros menores.






