El ser humano y la naturaleza se pueden encontrar directamente vinculados a los colores y con ellos, al estado de ánimo.
Se dice que de una u otra manera las personas que viven en ciudades frías, también llamadas ‘grises’, donde hay neblina o llueve regularmente, se deprimen con más frecuencia que aquellas que viven en ciudades donde la luz del sol refleja los colores de las flores y las frutas, dándole al entorno un tono de alegría.
La influencia que el color tiene sobre los estados de ánimo, puede ser más grande de lo que se puede llegar a imaginar debido a que éstos, en lugar de verlos, se pueden sentir.






