Giomar Lucía Guerra Bonilla
Durante su vida el maestro que veía con los ojos del alma, nos brindó perenne deleite con sus canciones, su picardía y buen humor. En su niñez, mientras los demás jugaban, él recostado en un taburete bajo un árbol, pensaba cómo se manifestaban los distintos fenómenos de la naturaleza. Palpó lo que es la tierra desértica y la fértil. La primavera y el verano, influencia presente en varias de sus canciones.
Escuchaba con atención los cantos de vaquería y relatos de juglares de los amigos de sus padres Abel Duarte y María Ignacia Díaz, que acampaban en la finca en Lagunita de la Sierra, en Barrancas (Guajira), de donde salió a los 20 años de edad, el 4 de octubre de 1948. No faltaron los cuentos, leyendas y canciones de la tía Herótida.






