Por Freddy Oñate Acevedo
En medio de las dificultades que hay en el barrio La Nevada, debajo de una Ceiba que lo protege del inclemente sol, con un espejo mediano que reposa sobre una mesa hecha con un pedazo de tabla y dos tubos, está Gustavo Mejía, un hombre que ofrece su servicio como peluquero y barbero a los hombres de ese sector de la ciudad.






