Los pickup o picós son un potente equipo de sonido, reproductores en especial de la champeta que nació en los barrios populares de Bolívar y Atlántico, cuando a Colombia entraron folclores musicales africanos como provenientes de países como Congo, en territorio afrodescendiente de la Región Caribe, evolucionó, convocó a músicos, cantantes, artistas gráficos, carpinteros y electricistas para construir la estruendosa caja, en pos de la cual se congregan desde mediados del siglo pasado, o antes, un sinnúmero de personas de las comunidades marginadas para disfrutar de la melodía y crear una danza propia.
Los seguidores del género musical aseguran que esta música interpreta su idiosincrasia y los picós se convirtieron en el templo para la expresión cultural.
Así fue durante un tiempo en el que la cultura ‘picotera’, como se autodenomina, evolucionó hasta penetrar en diferentes estratos socioeconómicos, pero esa realidad romántica no existe en Valledupar hoy, cuando la percepción de la comunidad ajena a esa cultura, señala y condena a los que de ella disfrutan, y se suma a esto la persecución de la que han acusado los champeteros a las autoridades.






