Fuego, fuego, fuego,
la candela viva.
Que allá viene la candela,
la candela viva.
Que ya viene por el higuerón,
la candela viva.
Que yo ví que me llevaba,
la candela viva.
Que yo ví que me enterraba,
la candela viva.
Fuego ya que me quemo,
la candela viva.
Que se quema Chimichagua,
la candela viva.
Corría el año 1955 cuando el Rey Vallenato Alejo Durán Díaz llevó a la pasta sonora la canción ‘La candela viva’, inspiración que apareció como de su autoría, pero que en realidad pertenece a Heriberto Pretel Medina, compositor, cantador y tocador de tamboras, aire autóctono de esa región del río Magdalena.
Alejo, ya conocía esa y otras obras como ‘La perra’, ‘Mi compadre se cayó’, ‘La palomita’, ‘La pava echá’, ‘Dime por quién lloras’ y ‘Vuela pajarito’, debido a que su señora madre, Juana Francisca Díaz Villarreal, era una reconocida cantadora de tambora.






