El municipio de La Paz es identificado por un producto en particular: la almojábana, incluido en la gastronomía; además es inherente a la cultura pacífica.
Es de resaltar a la mujer almojabanera, caracterizada por la labor que realiza con compromiso, constancia, dedicación, esfuerzo y sobre todo mucho amor, según algunos consumidores que aseguran que el amor que le ponen al agradable producto es lo que hace que sea una delicia al paladar.
La jornada de las almojabaneras es ardua. Ana Cristina Marcos Oñate lleva más de catorce años dedicada a la faena almojabanera, su labor empieza a las seis de la mañana: alista a sus hijos para el colegio y a las ocho comienza el proceso del sustento diario para su casa, la elaboración de las almojábanas, a las 12:30 o 1:30 de la tarde, cuando el sol en La Paz está más ardiente, comienza el trabajo de mercadear en la plaza de las almojabaneras, espacio que se le hace honor a la mujer pacífica, con su trapo envuelto en la cabeza, para sostener la ‘palangana’ de madera llena de almojábanas.






