Desde niño supo que quería ser actor. Heredó de sus ancestros wayuu el amor por la palabra y un espíritu rebelde. Convirtió las dificultades económicas en un aliciente para desarrollar su talento y sobreponerse al menosprecio. Encontró por fuera de Valledupar comprensión para su vocación artística y nuevos maestros que enriquecieron su formación. Aunque comprendió rápidamente que no sería profeta en su tierra, nunca se desprendió de su entorno y su cultura.
John Bolívar dice que no es un soñador, sino un determinador, alguien que toma decisiones y persevera hasta cumplir sus propósitos. Se formó como teatrero, dirigió grupos artísticos y trabajó en series de televisión. Su camino hacia la dirección de cine fue largo: esperó catorce años para hacer su primer largometraje, Arenas. Hace unos días me encontré con John para conversar sobre teatro, cine y televisión, pero fue inevitable que emergiera el personaje contestatario que hace temblar a más de un político.
Valledupar es una tierra de grandes músicos. Sin embargo, desde niño elegiste una expresión artística diferente: la actuación. ¿Qué te llevó por ese camino?










