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“…Es un buen tipo mi viejo…”

“Aguantamos mucha hambre, como animalitos abandonados en las calles”, dice, mientras las arrugas de su rostro, marcas imbatibles de los años, se intensifican y su mirada cansada expresa tristeza o tal vez esperanza de continuar batallando, sus manos guardan las cicatrices de un pasado de trabajo.

“…Es un buen tipo mi viejo…”

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@el_pilon

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Dios tarda, pero nunca olvida, es el nombre de la fundación que resguarda a diez adultos mayores, la mayoría de ellos abandonados a su suerte por sus familiares.  

Por: Karen Liliana Pérez

“Aguantamos mucha hambre, como animalitos abandonados en las calles”, dice, mientras las arrugas de su rostro, marcas imbatibles de los años, se intensifican y su mirada cansada expresa tristeza o tal vez esperanza de continuar batallando, sus manos guardan las cicatrices de un pasado de trabajo, su cuerpo con cierta agilidad a pesar de sus ochenta y nueve años,  sigue con la fuerza que da el deseo de no dejarse vencer. Él es, Marcial Pacheco, un anciano que se dedica a cuidar como si fuesen hermanos a nueve adultos mayores.

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