Todos los domingos cuando el reloj marca las 4:00 de la mañana. Claudia se instala a las afueras del Establecimiento Penitenciario y Carcelario de Valledupar, conocida como la Cárcel Judicial, para lograr los primeros fichos que son su ‘pase’ para entrar temprano al penal, donde se reencontrará con su pareja, que por circunstancias o errores de la vida permanece recluido en ese penal.
Lleva consigo cartones o colchonetas para que la espera no le sea tan desesperante, en los que se acuesta o se sienta a esperar que sean las 8:00 de la mañana, hora en que la cárcel abre sus puertas. Aunque madruga, Claudia encuentra decenas de mujeres que llevan su mismo propósito, por lo que le toca esperar un largo tiempo haciendo fila bajo los inclementes rayos del sol de la ciudad.






