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El presidente cargado de tigre

La idea consiste en presentar una propuesta tan ambiciosa que la contraparte se asuste y la rechace de plano.

Rodney Castro Guillo, columnista.

Rodney Castro Guillo, columnista.

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Hace muchos años, el doctor Antonio Méndez, mi profesor de Filosofía en la Universidad Libre de Barranquilla, nos enseñó que, en los procesos de negociación, a veces, hay que exagerar. La idea consiste en presentar una propuesta tan ambiciosa que la contraparte se asuste y la rechace de plano. A partir de ahí, comienzan las concesiones hasta llegar a aquello que realmente se buscaba desde el principio, haciendo que el otro sienta que ganó y que el acuerdo alcanzado es justo. 

En la Colombia política de hoy, siguiendo la enseñanza del profesor Mendéz, hay media nación interesada en el acuerdo exagerado, sin matices ni puntos intermedios. Se trata, en buena medida, del mismo sector de la población que el presidente Petro reconoció como adversario desde su llegada al poder en el 2022. Desde entonces, su gobierno se ejerció con frecuencia en las trincheras partidistas, mostrando escaso interés por conquistar a aquellos sectores que recibieron su elección con incredulidad, cautela y prevención. 

Esa otra Colombia, alimentada durante la campaña por un lenguaje de confrontación, amenazas y discursos encendidos, es la que hoy, a través de Abelardo de la Espriella, llega al poder. Como es natural, el país permanece expectante, aguardando el cambio radical que se ha prometido. Surge entonces la pregunta inevitable: ¿se impondrá la ley del talión, la del “ojo por ojo, diente por diente” o prevalecerá el tono conciliador y el mensaje de unidad nacional que el presidente electo expresó en su discurso de victoria?

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