El terror de las amenazas, el drama del secuestro y la crueldad del homicidio han pasado no solo como meros registros en las páginas del diario EL PILÓN de Valledupar, puesto que estos delitos los vivió en carne propia su equipo de redacción.
EL PILÓN nació en medio del conflicto armado, para informar en una región atropellada por la confrontación de la fuerza pública inicialmente con las guerrillas y luego con los paramilitares.
El comienzo del diario estuvo precedido por el dominio absoluto de la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc y el Ejército de Liberación Nacional, Eln, que con sus tropas eran amos y señores de Valledupar y sus alrededores, como lo recuerda Dickson Quiroz Torres, fundador del diario.
“La gente vivía atemorizada, nadie podía salir porque estaba expuesto a un secuestro”, explicó Quiroz, quien sintió la necesidad de fundar un medio que le informará de forma veraz y objetiva a la sociedad vallenata sobre estos fenómenos sociales que con el pasar del tiempo se fueron agravando.
EL PILÓN hizo su primera publicación en septiembre de 1994, cuando solo había guerrilla, la misma que dos meses antes había irrumpido hasta un edificio del barrio Novalito al norte de la ciudad y secuestró a la dirigente política María Cleofe Martínez de Meza, hija del excontralor general de la República y exalcalde de esta ciudad, Aníbal Martínez Zuleta y a su amiga Maricel Hinojosa de Baute.
Cuarenta y cinco días después del secuestro, Maricel Hinojosa fue dejada en libertad frente a las instalaciones del Colegio Bilingüe, al norte de Valledupar. Mientras que María Cleofe, a quien su familia y sus partidarios le dicen cariñosamente ‘La Coco’, fue liberada en marzo del año siguiente.
Estos antecedentes no intimidaron al grupo de periodistas que convocó Dickson y que en sus primeras publicaciones informaron de todo un poco; noticias de política, cultura y deportes, una forma de mostrar otra cara de una sociedad asfixiada por el accionar de la guerrilla.
A pesar de que Valledupar era una ciudad relativamente pequeña, con menos de 300 mil habitantes, los secuestros aumentarían y con el tiempo se convirtió en la ciudad con la más alta tasa de secuestros en Colombia, acompañada de extorsiones, hostigamientos y amenazas de muerte de las Farc.
“Por aquella época, la guerrilla era vista como una organización que resolvía asuntos de justicia que les correspondían al Estado, eran la ley”, recordó Quiroz.
Sin embargo, la arremetida subversiva contra integrantes de familias prestantes de la ciudad, desempeñarían un papel clave en la historia del departamento, porque algunas de las víctimas se cansaron y empezaron a patrocinar la llegada de los paramilitares al Cesar.
En 1996, a petición de algunos empresarios, políticos y hacendados vallenatos los grupos paramilitares, denominados Autodefensas Unidas de Urabá, en reacción al crecimiento de las Farc, también comenzaron a surgir en la región con líderes como Rodrigo Tovar Pupo, integrante de una de las familias adineradas de Valledupar, quien se convirtió en ‘Jorge 40’, jefe del bloque norte de las Auc.
EL PILÓN surgió precisamente ante la necesidad de informar todos esos cambios sociales, culturales y políticos que estaban sucediendo en la región.
“Fue más difícil el trabajo periodístico cuando aparecieron los paramilitares, quedamos en el medio. Un día nos enviaba un panfleto la guerrilla y lo publicamos, luego debíamos hacer lo mismo con los paramilitares, para demostrar que no estábamos sesgados”, pero luego de un tiempo, Dickson Quiroz en un acto de valentía escribió un editorial con el que puso las cartas sobre la mesa a los dos bandos.
El fundador y entonces director del periódico, exigió respeto a la independencia del medio y anunció que EL PILÓN no seguiría publicando comunicados de grupos al margen de la ley.
Contó que su decisión fue respetada. Aunque en dos ocasiones tuvo que dejar de la ciudad por amenazas, mientras las cosas se aclaraban.
“Uno puede tocar cualquier tema, siempre y cuando se haga bien, con respeto y nosotros lo hicimos. Sin embargo, en varias oportunidades el equipo periodístico fue amenazado y como director sabía hasta dónde presionar a los periodistas en sus investigaciones, porque sabía que sus vidas corrían peligro”, refirió.
Las víctimas de EL PILÓN
La violencia casi siempre era portada de EL PILÓN por la cantidad de homicidios, enfrentamientos entre guerrillas y paras, ataques a población civil y secuestros. El jefe de redacción, Guzmán Quintero Torres, el 16 de septiembre de 1999, escogió de portada una foto del reportero gráfico Neftalí Castellar, en la que se apreciaba una bandera blanca con la consigna “Quiero la paz”.
“Las banderas blancas de la paz comenzaron a ser portadas en Valledupar por muchos ciudadanos que a través de este símbolo insisten en la reconciliación, como paso fundamental para consolidar un verdadero proceso, participativo de paz”, decía el pie de foto.
Esa fue la última portada que escribió Guzmán. Cuarenta minutos después de haber cerrado edición fue asesinado a tiros por un sicario en un establecimiento ubicado en el centro de la ciudad. Hecho que conmocionó a Valledupar y al país entero, con anuncios de justicia por parte de altos mandos de la fuerza pública y del gobierno que hoy quedaron en nada y sobre el caso solo reina la impunidad.
El crimen de Guzmán marcó al periodista Edgar De la Hoz, quien como reportero gráfico de la época, compartía unos tragos con su jefe de redacción en el momento que un cañón de revólver acabó la conversación.
Dos meses después, De la Hoz volvió a vivir en carne propia el drama de la violencia, que parecía ensañarse contra el equipo periodístico de EL PILÓN.
El reportero gráfico y Pablo Camargo Alí como periodista de la sección judicial, junto a otros cinco colegas de diferentes medios de comunicación fueron secuestrados por el frente 59 de las Farc, cuando regresaban de cubrir una incursión paramilitar en el corregimiento de Atánquez, estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta.
“Ellos palabras más, palabras menos lo que querían era que regresáramos a Valledupar e hiciéramos públicos los nombres de algunas familias vallenatas que a juicio de ellos estaban apoyando a las autodefensas, pero les dijimos que cuesta de qué íbamos a señalar a la gente, sino teníamos ningún tipo de prueba”, reveló Edgar De la Hoz.
Los comunicadores soportaron extensas caminatas con las inclemencias del clima y lo inhóspito de la sierra, pero al tercer día recobraron la libertad, gracias al acuerdo logrado entre los guerrilleros con un delegado de Cruz Roja.
La milicia en el conflicto
En el oscuro panorama había otro actor que también presionaba el trabajo de EL PILÓN, el Ejército. Exintegrantes del equipo de redacción reconocen que hubo presiones e intimidaciones por parte de la fuerza pública.
“A algunos militares de la época no les gustaban las críticas, ni que se publicaran sus errores, varias veces nos visitaron altos oficiales y una vez nos citaron al Batallón Buenavista”, expresó uno de los periodistas.
Un año después del asesinato de Guzmán Quintero, las amenazas fueron más fuertes y la periodista Ana María Ferrer, quedó en la mira de los grupos ilegales. A través de llamadas telefónicas a la oficina, le advertían que sería la próxima víctima por meter sus narices en temas de paramilitarismo.
“Fueron dos llamadas, nunca las recibí yo. Decían que eran los asesinos de Guzmán y que el turno era para Ana María Ferrer”, narró la comunicadora que durante esos días adelanta reuniones con directores de otros medios para pedir a las autoridades resultados de las investigaciones por la muerte de su jefe de redacción.
Mutación del conflicto
Con la desmovilización de 2.545 hombres del bloque norte de las Autodefensas Unidas de Colombia, en el corregimiento La Mesa, jurisdicción de Valledupar, el 10 de marzo de 2006, EL PILÓN registró el hecho como un gran paso hacia La Paz, pero el anhelo del país sigue distante de la realidad y ocho años después falta mucho camino por recorrer.
El accionar del paramilitarismo mutó, las extintas autodefensas se convirtieron en bandas criminales y ahora son llamadas por las autoridades clanes.
La guerrilla sigue haciendo de las suyas, pese al proceso de negociación que adelanta con el gobierno de Juan Manuel Santos en La Habana.
El Cesar hoy está amenazado por el rearme de los remanentes de estos grupos y en zonas donde ya se había conseguido el cese al fuego, y los secuestros van en aumento, por lo que EL PILÓN mantiene la misión contribuir a una sociedad bien informada, que conozca su historia para que tome las mejores decisiones.






