Existe un vínculo muy importante entre el estado del medio ambiente y las capacidades de los pueblos para referirse a los medios de vida productivos y poder opinar sobre lo que sucede en su comunidad.
Una aproximación a la identificación simbólica de los elementos del paisaje, de la tierra devastada nos encamina a reflexionar sobre la situación actual de nuestro departamento.
Es un fenómeno conocido y sentido en sus efectos negativos por las poblaciones afectadas desde hace varias décadas en muchos países, a lo cual no son ajenos los departamentos de La Guajira y el Cesar y que día a día se agudiza en una lastimosa orfandad, motivados unos por la explotación minera y la inexistencia de programas para protección del medio ambiente y por las secuelas dejadas por la bonanza algodonera.






