Desde la más luminosa cumbre de la inspiración, bajo el cálido torrente de una oración perfumada hacia la educación, surge hace más de 70 años, la necesidad de crear un colegio para la juventud sedienta de superación.
Un proyecto de ley presentado al Congreso por el entonces Senador Pedro Castro Monsalvo, se convirtió en ley de la República Nº 45 de 1940. En el artículo 2º se decreta que “en un lote apropiado que dotará el Municipio de Valledupar, allí la nación construirá un edificio destinado a un colegio de segunda enseñanza para varones, que llevará el nombre de “Colegio Nacional Loperena” como homenaje a la memoria de la heroína Valduparense, “Doña María Concepción Loperena Ustáriz de Fernández de Castro”.
Valledupar, en ese entonces era tan pequeño, que en el terreno destinado a levantar el colegio, funcionaba el matadero público, estando fuera del perímetro urbano. En febrero de 1942 se iniciaron labores en el local, que ya había terminado de construir el ingeniero Silvestre Dangond Daza.






