En la casa de Fidelina Redondo todavía hay dulces que saben a una ciudad que cambia lentamente. Hay toronjas convertidas en almíbar, coco rallado, bollos de maduro, chiricanas, panelas, frutas de temporada y recuerdos que llegan con cada cliente. Algunos entran buscando un postre; otros, una conversación. Muchos llegan como atraídos por Fidelina.
“Esta casa, aparte de que venían a comprar, era un tertuliadero. La cocina se volvió un tertuliadero donde la gente llegaba a tomarse el tinto, o la gaseosa, o el agua de maíz y después compraba los dulces”, recuerda Piedad Vega Redondo, su única hija.
Fidelina murió en 2020, pero su nombre continúa pronunciándose en Valledupar como el de una mujer que convirtió el conocimiento de familia en una dulcería de tradición. Su legado, iniciado formalmente en 1960, será uno de los homenajeados durante la octava Feria Gastronómica Nuestro Sabor de EL PILÓN, un reconocimiento a la persistencia de un oficio que ha resistido el cambio de los gustos, el relevo generacional, el envejecimiento de su clientela histórica y la escasez de algunas frutas con las que se elaboran los dulces de paila.








