Por: Pepe Morón Reales
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Cuando salió de su natal Bosconia, desplazado por la violencia en el 2004, Iván Pérez* un joven de 20 años, solo pudo llevar consigo lo que cupo en una caja de cartón y un saco de fique blanco. Atrás dejó su hamaca y la de su esposa; la cuna de su niña, siete gallinas y lo más importante, el pequeño rancho de bahareque donde les permitió vivir el dueño de la finca en la que trabajaba.
Con casi nada de ropa, mucha hambre y sin saber qué hacer Iván, llegó a Valledupar. A su lado, su esposa María y su hija Luz de solo dos meses.






