El cierre de Casa Mía, conocida también como la Casa de la Mujer, en Pueblo Bello, Cesar, deja sin un espacio de acogida y protección a mujeres, niñas y adolescentes indígenas que enfrentan violencia sexual e intrafamiliar en la Sierra Nevada de Santa Marta.
Más que una vivienda, el lugar se había convertido durante cerca de dos años en un punto de atención transitoria para víctimas que no podían regresar de inmediato a sus familias o territorios por riesgos de seguridad. Allí encontraban escucha, una tutora de su misma comunidad, intérpretes y acompañamiento para activar rutas de protección, salud y justicia. Las mujeres aprendían oficios para poder obtener la independencia económica, tan necesaria para salir de círculos de violencia y dependencia de agresores.
“Para nosotros como mujeres ha sido retroceder”, afirmó Digneri Izquierdo, cabilda de la Casa de Gobierno Ati Kwakumuke y defensora de derechos de las mujeres arhuacas. Según explicó, la iniciativa nació de mujeres que habían vivido violencias y buscaban responder a una deuda histórica de falta de atención oportuna y culturalmente pertinente.








