En la Clínica Ardila Lule de Bucaramanga se encontraba el 22 de agosto Jazmín Bautista, esperando que un oftalmólogo atendiera a su hijo de 10 años, quien perdió la visión en uno de sus ojos, luego de que fuera agredido con una piedra en el Colegio Milciades Cantillo, de Valledupar.
Ella pudo viajar y pagar médico especialista gracias a los aportes económicos que ha recibido de su familia, puesto que aseguró que ni la institución educativa, ICBF, Sanidad Militar, y otras entidades apoyaron su solicitud de ayuda para ser atendida por los médicos.
Todo este asunto producto de un altercado entre compañeros de clase, evidencia que pese a los trabajos que realizan las instituciones educativas, de Policía y Municipales, las escuelas públicas de Valledupar siguen viviendo el fenómeno del matoneo.






