Una perra bulldog inglés embarazada murió, junto a sus siete cachorros, antes de una cesárea de emergencia en la clínica veterinaria Pulgas. Su tutor denuncia negligencia y la ciudad se volcó en redes; los médicos aseguran que Beba llegó en estado crítico y que el paro ocurrió antes de la anestesia. Entre versiones cruzadas, emergen preguntas sobre la cría de razas braquicéfalas y la responsabilidad profesional en Colombia.
Los médicos veterinarios afirman que, tras la viralización de los videos, el personal de la clínica ha recibido insultos en la calle y amenazas en redes, lo que califica como acoso y difamación que afecta su integridad y su ejercicio profesional. Señala que el tutor los grabó y publicó imágenes sin su consentimiento, y que la clínica está preparando denuncias por injuria, calumnia, acoso y daños materiales, además de poner el caso a disposición de las autoridades para que revisen la historia clínica y los procedimientos realizados
“Le entregué mi perra viva y a los minutos me dijeron que estaba muerta”
El 24 de marzo, un video publicado en redes sociales por el tutor de Beba desató la indignación en Valledupar. En las imágenes, el hombre sostiene que llevó a su perra bulldog inglés embarazada a la veterinaria Pulgas para una cesárea y que, apenas unos minutos después, le informaron que el animal había muerto.
“Le doy mi perra a este señor viva y, a los diez minutos, me dice que está muerta”, se escucha en uno de los clips que se hicieron virales. El tutor acusa a los médicos de negligencia y asegura que la perra no presentaba signos de gravedad al momento de ser entregada para el procedimiento.
En otros videos, se le ve discutiendo con personal de la clínica y con patrulleros de la Policía Nacional, mientras insiste en que “nadie le explicó” qué pasó con Beba ni con los siete cachorros que esperaba. A raíz de estas publicaciones, se convocaron plantones frente a la veterinaria y se multiplicaron mensajes de apoyo al tutor y de rechazo al centro médico.
“Una paciente braquicéfala, deshidratada y con displasia”
Desde el otro lado del mostrador, Jesús Daniel Jiménez Canedo intenta recomponer los hechos. “Mi nombre es Jesús Daniel Jiménez Canedo. Soy egresado de la Universidad de Córdoba, médico veterinario zootecnista, especialista en Medicina y Cirugía de Animales de Compañía”, se presenta. Trabaja en la veterinaria Pulgas desde 2023.
Según su relato, Beba no era una paciente cualquiera. “Era una bulldog inglesa, braquicéfala, una perra que no podía quedar preñada por monta natural”, explica. La gestación se logró por inseminación artificial, realizada en otro lugar. Además de su condición braquicéfala –‘chata’, de hocico corto y con problemas respiratorios–, el médico señala que presentaba displasia bilateral y luxación coxofemoral: “Los fémures no encajaban en la cadera. No caminaba, se arrastraba con la panza”.
Días antes de la cirugía, a Beba se le habían practicado radiografías que mostraban seis o siete cachorros formados, y exámenes prequirúrgicos de laboratorio, con los que se definió un plan anestésico individualizado. “La anestesia no es un protocolo general para todos. Se ajusta según los exámenes y la condición de cada paciente”, afirma el veterinario.
El lunes previo al procedimiento, según cuenta, la perra presentó múltiples episodios de vómito después de consumir sardina. “Un perro que vomita siete veces tiene un grado de deshidratación importante, sumado a todas las condiciones que ella tenía previamente”, relata. Aunque se recomendó llevarla a consulta ese mismo día, el tutor habría decidido esperar al martes, cuando todo el equipo quirúrgico estuviera presente.
Del prequirófano al paro: los minutos críticos
El martes, Beba ingresó a Pulgas junto a su tutor. “La recibió un compañero, el doctor Wilfran Guerra. Estaba deshidratada, jadeando. Se canalizó y se empezó fluidoterapia; no se puede entrar a cirugía sin hidratar”, explica Jiménez. Calcula que pasó entre 40 minutos y una hora recibiendo líquidos intravenosos.
Luego, el equipo decidió llevarla al área de prequirófano. En el caso de perros braquicéfalos, la rutina incluye una fase de preoxigenación, de 15 a 20 minutos, antes de inducir la anestesia, porque la inducción es el momento de mayor riesgo para animales que ya tienen dificultades respiratorias. “Ellos no pueden respirar bien despiertos; sedados es todavía más complejo”, dice el veterinario.
Según su versión, el tutor ayudó a subir a Beba a la mesa porque la perra pesaba cerca de 29 kilos. “La puso en la mesa y bajó. En ese momento, ella se comienza a poner rígida, se orina y muestra todos los signos de un paro”, relata. Al abrir la boca, afirma, encontró que Beba estaba en apnea, sin respirar.
“De inmediato se activó el protocolo de RCP: intubación, conexión a la máquina de oxígeno, masaje cardíaco, adrenalina, ventilación manual”, describe. Calcula que pasaron uno o dos minutos en maniobras sin obtener pulso palpable. Ante la ausencia de respuesta, tomaron una decisión: ingresar a cirugía de emergencia para intentar salvar a los cachorros.
“Ni siquiera se alcanzó a inducir la anestesia. El paro ocurrió en el prequirófano”, sostiene. Mientras Jiménez y otros auxiliares continuaban con la reanimación de la madre, otro cirujano, identificado como el doctor Abel Díaz, abrió la cavidad abdominal para extraer a los fetos. “Lastimosamente, los siete cachorros salieron ya muertos”, afirma el médico.
“Nadie estudia veterinaria para matar animales”
Una vez cerrada la cirugía y finalizadas las maniobras de reanimación, el equipo bajó al tutor y a su padre a un consultorio para informarles lo ocurrido. “Fue una noticia fuerte. Yo tengo seis perros, sé lo que significa”, dice Jesús Daniel. Al principio, según su versión, la reacción fue de shock y tristeza; luego derivó en ira.
El veterinario cuenta que, tras informar la muerte de Beba, el dueño mencionó que “fueron casi 15 millones de pesos en cachorros y tres que me costó la mamá”, lo que lo llevó a preguntarse si al tutor le dolía más la vida del animal o la pérdida económica asociada a la cría de la bulldog y sus siete fetos.
Esa alusión al dinero —según el propio veterinario— es uno de los puntos que él utiliza para enmarcar el caso no solo como un duelo afectivo, sino también como una disputa por una expectativa de ganancia con la venta de los cachorros de una raza costosa como el bulldog inglés.
“Empezaron los insultos, a decirnos de todo, a patear puertas. Le metieron una patada a la puerta de vidrio de la peluquería de al lado; quedó rota, había sangre porque también se cortaron”, recuerda. Trabajadoras de recepción y aseo se refugiaron en el interior y llamaron a la Policía. Una patrulla, junto a Policía Ambiental, llegó para calmar la situación.
En los días siguientes, la tensión se trasladó a la calle y a las redes. Se convocaron plantones frente a la clínica con pancartas y consignas como “Justicia para Beba” y “Mata perros”. “Ayer me tocó salir acompañado de la patrulla. Me gritaban ‘asesino’, ‘mata perros’. Hasta mi mamá me llamó llorando al ver los videos”, cuenta el veterinario.
Jiménez insiste en que no hubo intención de hacer daño. “Nadie estudia siete años una carrera, hace una especialidad, para que se le muera un perro o para matarlo”, dice. “Trabajamos con seres vivos; la medicina no es una ciencia exacta donde uno más uno siempre da dos”.
De las redes a los estrados: denuncias cruzadas
La clínica Pulgas emitió un comunicado público en el que aseguró que Beba había sido sometida a una cesárea de emergencia, que tanto la madre como los fetos se encontraban en condición crítica y que se aplicaron los protocolos médicos correspondientes sin lograr revertir el desenlace.
Puerta de vidrio y mobiliario interno de la veterinaria Pulgas con daños visibles, tras los momentos de tensión y la reacción de los tutores luego de conocer la muerte de Beba. Foto: Cortesía veterinaria.
En ese mismo documento, la veterinaria denunció daños materiales en sus instalaciones y anunció que interpondría acciones legales por injuria, calumnia y daños en contra de quienes, según ellos, habrían promovido agresiones físicas y virtuales contra el personal.
El tutor, por su parte, ha señalado que acudirá a las autoridades para denunciar una presunta negligencia médica y exigir que se investigue el caso bajo la Ley 1774 de 2016, que castiga el maltrato a animales como seres sintientes.
Una pieza clave, subrayan, sería la necropsia. La clínica afirma que ofreció practicarla; el tutor podría solicitar que la realice un tercero independiente. Solo un estudio de este tipo podría aclarar si la causa de muerte fue, por ejemplo, un trombo, una falla cardíaca súbita asociada al estrés, una complicación respiratoria propia de la raza o un error humano.
La Secretaría de Salud de Valledupar está en proceso de investigación de este caso; mencionó a EL PILÓN que por la complejidad de la situación sería irresponsable emitir una conclusión al episodio. En Valledupar es la primera vez que sucede un hecho de este tipo.
Más allá de Beba: el debate sobre los bulldogs
El caso de Beba llega en un momento en que la discusión sobre las razas braquicéfalas se intensifica en el mundo. Países como Noruega y Países Bajos han restringido o prohibido la cría de bulldogs ingleses y otras razas de hocico extremadamente corto, al considerar que sus características físicas les causan sufrimiento estructural: dificultades respiratorias crónicas, intolerancia al ejercicio, problemas oculares y partos complicados.
En Colombia no existe una regulación específica sobre la reproducción de estos perros. La Ley 1774 protege a los animales como seres sintientes y prohíbe el maltrato, pero las razas braquicéfalas no están listadas como peligrosas ni tienen restricciones particulares para su cría y venta.
Jiménez no oculta su preocupación por el modelo de crianza de estos animales. Describe a los bulldogs como “una cajita de problemas” de salud: “Tienen el hocico acortado, el paladar muy largo, narinas estenóticas, problemas de columna, diarreas. Son el producto, por decirlo así, de la ignorancia humana”, opina.
Desde su perspectiva, reproducir a una hembra bulldog con displasia de cadera, que apenas puede caminar y debe ser inseminada artificialmente, eleva el riesgo de muerte. Aun así, reconoce que, como veterinario, tiene el deber de atender a cualquier animal enfermo que llegue a su consulta: “Uno no se puede negar a atender un bulldog o un pug. El deber ser es atender a todo animal que tenga alguna patología”.







