La tarde era una de esas de ‘ese pueblito en la sabana que se llama Patillal. Estaba allí con motivo del Festival Tierra de Compositores dedicado a la memoria de José Hernández Maestre ‘El Hijo de Patillal’. De la mesa de trabajo divisábamos las ‘nubes que besan la punta del cerro’.
Canciones de la autoría del homenajeado, aún no grabadas, brotaban a borbotones de los labios del público a medida que Juvenal desgranaba interesantes datos sobre la vida de este artista rey de la canción inédita en 1982 ‘El sentir de mi vida’.
Me refiero a los cantautores que conservan en sus baúles, algunos en su memoria y los más avanzados en computadoras, un pocotón de bellas canciones, guardadas por varios motivos, en ocasiones no entregadas para ser grabadas, por diversas razones que casi siempre giran alrededor del deseo del autor de la preservación del estilo, la melodía, conservar los espacios para fortalecer las raíces de lo nuestro, lo propio, auténtico, la identidad que es parte un conjunto de saberes, de lo que hemos aprendido y que no debemos cuidar, no dejar al libre albedrío.






